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El tiempo es oro… y más

La excelencia suiza, el arrojo italiano y el impacto contemporáneo acuden puntuales a su cita con la Alta Relojería. La sinergia se torna fulgurante y adquiere resonancias superlativas: este es el Audemars Piguet Royal Oak Frosted Gold Carolina Bucci.

El viaje inicia en el epicentro neurálgico de la Manufactura, Le Brassus. Ahí, en el Vallée de Joux, se traza la ruta creativa hacia Florencia, alhajero de Italia, ciudad donde el arte es pálpito, herencia y vínculo con el devenir. Una firma legendaria, Audemars Piguet —que continúa en manos de las familias fundadoras y desde 1875 ha escrito capítulos clave en la historia de la haute horlogerie— aúna su fuerza a otra sensibilidad, la que posee la diseñadora de joyería Carolina Bucci. Convergencia propositiva y declaración de principios, la creación obtenida de esta asociación se construye con oro amarillo, ostenta un diámetro de 37 milímetros y forma parte de la mítica colección de los relojes Royal Oak.

CRONOLOGÍA Y ESPLENDOR
Dicen, no sin razón, que el tiempo es el mejor autor, pues siempre encuentra el final perfecto para cada historia. Ésta, sin embargo, no parece terminar con el lanzamiento de la más reciente entrega del Royal Oak Frosted Gold; de hecho, esta pieza quizá sea solo el principio de crónicas biográficas que irán desarrollándose a lo largo de los años y mediante el pulso de cada época, a través de las mañanas y los atardeceres, entre las luces de los encuentros y los matices de las despedidas que un reloj como éste debe atestiguar, sublimar y atesorar.

Y tiene todo para conseguirlo, comenzando por un brillante espejo platinado que se aloja en el interior de una caja de oro esmerilado, rasgo que reemplaza la emblemática esfera Tapisserie, característica de los Royal Oak. Se trata, indudablemente, de un diseño contundente, confeccionado a imagen y semejanza de la mujer actual —espontánea, auténtica, libre de prejuicios— y al que Bucci atribuye un carácter rebelde. No se equivoca en su veredicto y acierta con el adjetivo empleado, pues como apunta la filosofía de esta línea de relojes, “para romper las reglas, primero hay que dominarlas”. Rebelde, sí, pero también impecable desde cualquier ángulo de estimación.

Al sumarse el invaluable savoir faire del sello suizo y la efervescente  originalidad que define el trabajo de la italiana, el resultado es una obra de excepción que hizo su entrada triunfal en 2016. Aquel año, como parte de la celebración del aniversario número cuarenta del Royal Oak para dama, se convocó a Carolina Bucci para concebir el trazo original del Frosted Gold que llevaría su nombre. Hoy, en una serie limitada a 300 unidades, el diseño evoluciona hacían nuevas direcciones, conquista territorios inexplorados y confirma su capacidad de seducción. Por primera vez, el acabado “polvo de diamante” aparece en oro amarillo, la versión favorita de la diseñadora de este noble metal. Asimismo, hay novedades en el estuche, una caja de espejo con la insignia Frosted Gold AP, también conceptualizada por la diseñadora, quien afirma que los estuches no merecen ser relegados al armario, sino exhibidos, para primero ser acariciados con la mirada y después con el tacto. Este vínculo íntimo y emocional con el Royal Oak es lo que hace de su nueva versión un compañero de vida. “Yo lo uso siempre, es parte de mi estilo, mi firma”, confiesa Bucci.



PALABRA DE AUTOR
La esfera espejeada es una de las características más exigentes que pueda concebirse: o es perfecta o no vale nada; por ello, aun los precedentes en los anales de Audemars Piguet son contados. El hecho de que el resultado superase las expectativas de Bucci, célebre por su ojo experto y elevado nivel de exigencia, dice mucho del riguroso control de calidad de la Manufactura.
La  creadora de joyas explica su inspiración, la cual está guiada por una lógica artística que desvela sorpresas. “Con el primer diseño Frosted Gold, lo que hice fue tomar la pureza de la caja y el brazalete del Royal Oak y abollarlos un poco, con la idea de yuxtaponer el acabado florentino, perfectamente imperfecto, con la precisión relojera suiza. Pero en esta segunda aproximación hice lo contrario: tomé la superficie texturizada de la decoración Tapisserie y la aplané hasta obtener una superficie impecablemente lisa, un espejo que está en constante interacción con su entorno y cambia en función de la ropa que se lleve puesta, la decoración del espacio, la iluminación circundante, la hora del día, la temporada del año”, señala Bucci, quien añade: “en ambos casos mi objetivo fue lograr algo interesante e impredecible, generar una versión nueva del icono que ha capturado la esencia de la femineidad contemporánea”.

La florentina, quien forma parte de la cuarta generación de una familia dedicada a la joyería y orfebrería desde el siglo XIX, comenta que “diseñar el Royal Oak Frosted Gold para Audemars Piguet fue todo un reto”. Sin duda lo fue, pues su producción implicó el dominio de varios desafíos técnicos, supuso el replanteamiento del imaginario estético y subrayó las cualidades de un reloj considerado de culto, cuyo bisel octagonal equipado con ocho tornillos hexagonales es ya un clásico imperecedero. Por ello, Jasmine Audemars, Presidenta de la Junta Directiva de la marca, es una incondicional del Frosted Gold y ha usando la primera edición del modelo automático de 37 milímetros desde 2016. Para ella, “la creatividad que hay detrás de este modelo es simplemente increíble; es, al mismo tiempo, arte y tecnología de alto nivel. Con Carolina Bucci hemos creado una especie de obra maestra”, indica la directiva, y no parece desmedida su apreciación, pues el diseño cumple a cabalidad con los requisitos exigidos para calificar como una masterpiece.

Pero hay algo más, un gesto que convive armónicamente con la excelencia que palpita en esta creación. La superficie espejeada –sinónimo de virtuosismo, enclave de múltiples significados y símbolo de riqueza histórica– también es un rasgo en cuya exclusividad se advierte un guiño de diversión, quizá incluso de juguetona vanidad, pues como señala Jasmine Audemars, “¿quién necesita una selfie cuando puedes mirarte a ti misma en tu reloj?”. La respuesta es definitiva: tú no.

Se trata, indudablemente, de un diseño contundente, confeccionado a imagen y semejanza de la mujer actual —espontánea, auténtica, libre de prejuicios— y al que Bucci atribuye un carácter rebelde. No se equivoca en su veredicto

 

Por Bernardo Hernández


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