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La píldora dorada

Si bien es cierto que, llegado el momento de tragarnos (o hacer tragar a alguien) un mal momento, es preferible endulzarlo un poco y quedarnos por lo menos con un buen sabor de boca, la idea de cubrir los problemas con una capita de pintura rosa no va a hacer que ESTOS desaparezcan. Más bien, creo que resulta relativamente fácil reconocer que algo en nuestra vida está enfermo y salir en busca de un remedio.

En una época muy lejana (antes de la era de los celulares, de iherb.com y de la homeopatía), existía en la tierra un héroe llamado “El boticario”. En su laboratorio, este preparaba artesanalmente los jarabes y pastillas que, a pesar de ser un maravilloso remedio para varios pesares, tenían un sabor muy, pero muy amargo. Haciendo gala de su bondad, empatía y conocimientos técnicos, nuestro héroe bañaba las pastillas en una sustancia dulce para luego someterlas al fuego y “dorarlas”, haciendo así más fácil el momento de tragarlas.

Ya que entramos en contexto y podemos reconocer la utilidad de “dorar la píldora” para disimular los malos tragos, déjame transportarte de nuevo a la actualidad y presentarte un dilema existencial: ¿Qué es mejor: endulzarnos la existencia o comernos la vida “cruda”?

Resulta bastante común el hábito de buscar el lado positivo tanto de los problemas como del remedio pero… no resulta tan evidente reconocer todas las cosas buenas que conviven con el pesar. ¿O eres capaz de sentirte feliz por tu excelente sistema digestivo, cardíaco y respiratorio en el día que te sorprende un migraña? ¡Pues deberíamos! Simple y sencillamente, porque este es el único enfoque que te va a ayudar a sentirte mejor y superar (incluso evitar) el problema en el que (te guste o no) ya estás metido. En su libro Love, Medicine, and Miracles, el Dr. Bernie Siegel explica cómo el surgimiento y la continuación de la enfermedad están tan fuertemente unidos a la capacidad y voluntad para enfrentar el estrés, que si una persona se ocupara de la ira y el estrés en su vida antes de que aparezca una enfermedad, esta simplemente no se manifestaría.

Esta propuesta nos lleva a descubrir la cortina número tres: abandonar el oficio de boticario por el de alquimista y dedicarnos a transformar las piedras en oro (en lugar de chaparlas). O lo que es lo mismo: reconocer las chispas de luz que conviven con las noches más obscuras y enfocarte en ellas hasta que puedas ver la luz en cualquier situación que te toque atravesar. Cuando descubres un puntito de luz y te concentras en él con todas tus fuerzas, los momentos más amargos pueden convertirse en dulces experiencias cargadas de sentido y, poco a poco, comienzan a llenarse de luz los espacios más oscuros. Y bien sabemos que cuando encendemos la luz, bajar al sótano no da tanto miedo.

Así que si la idea de convertirte en alquimista te resulta atractiva, te propongo algunos consejos prácticos que te pueden ayudar a hacer que lo imposible ocurra y se ilumine el corazón más negro:
Busca 10 puntos positivos de cada situación desagradable que atravieses. Si te cuesta trabajo empezar (no siempre queremos ver lo bueno) piensa que no hace falta ser realista, sino creativo. También puedes pedirle a alguien que te ayude (aunque funciona mejor si eres tú mismo quien se ve forzado a conectarse con el lado positivo). Por ejemplo: una hora antes de salir de vacaciones tu jefe, después de regañarte, te pide que termines el informe anual (para el cual te faltan días de trabajo): ¿Qué puntos buenos podrías encontrar a dicha situación?



Sin pensar mucho podríamos decir que es una buena oportunidad para negarte, que te despidan y conseguir una liquidación que te ayudará a prolongar tus vacaciones, o tal vez es una buena excusa para trabajar tu carácter y plantarle cara a tu jefe. O podrías esforzarte por terminar el informe esa noche y disfrutar tus vacaciones sin presión alguna. También podrías ser el pretexto para ponerte las pilas y buscar un mejor trabajo o negociar con tu jefe una semana extra de vacaciones por el esfuerzo adicional que vas a tener que hacer ahora. En fin, que no importan tanto las respuestas que encuentres, sino el efecto que buscar estos puntos de luz producen en nuestro espíritu: te reto a que lo pruebes y descubras cómo, después de tan sólo cinco minutos, recuperas tu buen humor y energía, y no hace falta salir corriendo al psicólogo, al bar o al abogado en busca de desahogo o venganza.

Justifica POSITIVAMENTE todo lo que vez. Este ejercicio es más difícil de lo que parece, pero una vez que te acostumbras a “juzgar en positivo” se convierte en un juego que te aligera el paso por la vida. La idea es esta: cuando presencies que alguien actúa de manera reprobable (contra ti o contra cualquier otra persona), busca inmediatamente razones nobles que justifiquen sus actos.

Y da lo mismo si es un desconocido quien violentamente te cerró el paso en la calle (probablemente era un médico respondiendo un llamado de emergencia) o si es tu mejor amigo quien te dejó plantado para irse a cenar con otro amigo (quien seguramente le habló en un mar de lágrimas después de haber recibido una devastadora noticia y era la única persona en quien podía confiar). Eso sí, es muy importante que entiendas que el objetivo de este ejercicio es apaciguar TU corazón, pues lo importante no es la razón por la que alguien hizo o dejó de hacer algo, sino ejercitar tu capacidad de perdón y misericordia. Si al “justificar” no sientes que tu ira se apacigua, averigua por qué motivo no “quieres” perdonar a esa persona. Piensa también que asumir el papel de juez no es mínimamente divertido, así que hazte un gran favor y deja que sean otros los que dicten sentencia.

Piensa en tu responsabilidad vs. tus derechos. Una de las causas más comunes para perder el gusto dulce de las cosas, es una constante sensación de: “no merezco” o “me merezco”. La próxima vez que te sientas así te invito a aborda el conflicto con la voluntad de revisar qué podrías hacer tu para evitar problemas. Situaciones así son muy fáciles de reconocer cuando pagamos por algún servicio, pero antes de encolerizarte porque el del puesto de cigarros te devolvió tu cambio en chicles, pregúntate si no era tu obligación informarle que solo tenías un billete de 100 antes de abrir la cajetilla.



Cuando te vengan las quejas (porque te van a venir) mantenlas como pensamiento, no dejes que tus odios las escuchen y se vuelvan reales y contagiosas. Piensa una, dos y 100 veces tus argumentos, pues una vez que abres las puertas de tu boca, las palabras pueden actuar como un letal veneno o una caricia del alma.

Si quieres encontrar la luz en tu propia persona, practica primero con los demás. Hoy en día estamos tan concentrados en “trabajarnos a nosotros mismos” que, a pesar de nuestras buenas intenciones, entramos en un círculo vicioso que nos vuelve a llevar al camino de inicio: ¡Nosotros mismos! Y no digo que sea malo invertir nuestro tiempo en ser mejores, pero date cuenta de que la única manera de crecer emocionalmente es ofreciéndote a los demás. Cada vez que consigues extraer lo bueno de otra persona, lo que sale a la superficie es tu propia luz interior. No existe ser humano en el mundo que no tenga algo bueno dentro, pero se necesita un ser humano extraordinario para llevarlo a la superficie. Trabaja en estos ejercicios hasta que esta visión sea tu medio natural de ver la vida y puedas reconocer las chispas de oro en cualquier terreno. Y cuando te sientas perdido o confundido, agárrate de esas chispitas de luz, por minúsculas que te parezcan, ya que puede ser la antorcha que te ilumine la vida tal cual es: realmente brillante.


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