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Recalculando ruta

La vida tiene giros y lo único permanente es el cambio, es cierto. pero ese movimiento no significa de ningún modo que quedemos a merced de los imponderables, lo inesperado o la velocidad del mundo. por el contrario, la manera y las vías del viaje las decidimos nosotros. y en ese proceso nadie está condenado a perder su esencia.

Resulta prácticamente imposible estar actualizados: si no se trata del celular, es su sistema operativo el que está obsoleto. Vivimos pendientes de los avances de la tecnología, la medicina, la moda, las técnicas de educación, los medios de transporte y hasta los momentos de ocio. Nos pasamos el día ajustando softwares, hardwares, ropa, twitters (si es que todavía se usa), la foto de perfil y hasta la ideología… ¡y todo a la velocidad del rayo!

“Adaptarse o morir”, sería una manera de resumir el ritmo que hemos impreso a nuestro estilo de vida, pero ¿es realmente cierto? Pues a mí me parece que si acuñamos ese mantra a capa y espada, podríamos correr el riesgo de integrarnos hasta el grado de desaparecer.



El mundo en que vivimos está lleno de ejemplos que ilustran este dilema: Incluso una diminuta célula está constantemente expuesta ante estímulos externos. Su increíble capacidad de adaptación le permite preservar su viabilidad y función, pero si se sobrepasan los límites de la respuesta adaptativa, tiene lugar una lesión celular que la puede llevar a su deterioro o incluso la muerte.

Los colectivos humanos, las instituciones y las familias también son pequeños sistemas que sobreviven al mantener ciertos patrones y dinámicas. Cada vez que se suma o elimina un nuevo elemento, todo el sistema corre el riesgo de desaparecer o actualizarse. Y por eso es tan común atravesar conflictos y desacuerdos a raíz de una boda, un divorcio, un cambio administrativo en la empresa, un hermanito o una nueva maestra en la escuela o incluso un nuevo invitado a cenar.



También cada uno de nosotros, como individuos, constituimos un sistema de vida único e irremplazable. Por eso siempre estamos buscando el equilibrio para adaptarnos al medio en que vivimos sin perder nuestra integridad, y eso implica elegir constantemente entre acomodarse a los cambios o romper el sistema. Un ejemplo es este: Si no estás satisfecho con tu puesto de trabajo, puedes solicitar un cambio dentro de la empresa (actualizar el sistema a tus necesidades), conformarte con tu puesto actual (adaptarte al sistema) o buscar un nuevo trabajo (romper el sistema). Aún así, la cuestión no es en absoluto sencilla ni permanente, pues tanto si te quedas eternamente en un empleo (te guste o no), como si saltas de trabajo en trabajo, corres el gran riesgo de no evolucionar, crecer o superarte.

¿Cómo saber entonces cuál es la medida ideal de los cambios? La respuesta, aunque parezca absurda, no tiene nada que ver con los cambios. Pues, en realidad, la necesidad de actualizarnos nace de un objetivo mayor: el deseo de avanzar y llegar a un lugar mejor.

Y aquí viene el truco: muchas veces sabemos que no estamos en el lugar correcto, pero no tenemos ni idea de cuál es ese lugar al que nos gustaría arribar. Y esa es una respuesta que bien vale la pena responder, porque si no tienes claro tu objetivo, puedes cambiar de pareja mil veces y jamás vas a encontrar eso que realmente te hace falta y no puedes (o quieres) ver. Es tan sencillo como abrir el Google Maps y pedirle “que te lleve”: Si no le especificas dónde quieres ir, así cuentes con el sistema de navegación más avanzado que exista, este difícilmente te guiará hacia ninguna parte.
Así que, antes de dar un paso más, te sugiero que te detengas y programes tu GPS personal dejando bien claras las siguientes coordenadas dentro de tu vida. Uno: dónde estoy ahora; y dos: A dónde quiero llegar. Sólo entonces podrás elegir entre la ruta más segura, la más rápida o la menos transitada.
 
Y ojo, que a pesar de tener clara la ruta puedes tomar malas decisiones, tropezar con algún accidente en medio del camino, o pasarte de largo la salida, pero insisto: si tienes localizado tu destino final y posición actual, es más fácil y rápido rectificar y volver al camino correcto. Una buena lección que podemos aprender del GPS es que nunca se da por vencido. No importa cuántas veces nos salgamos de rumbo, siempre se las ingenia para “recalcular” una forma diferente de llevarnos a nuestro destino final. Y esa es la clave para hacer un cambio exitoso en nuestras vidas: Si por alguna razón tomaste un “giro equivocado”, puedes actualizar tu estado y encontrar estrategias nuevas y creativas para superar cualquier desafío.



Sintonizando la señal correcta
Pero esto no termina aquí. Antes de arrancar motores y programar tu GPS, me gustaría que medites un poco en el tipo de viaje que planeas hacer.

Hay dos formas de viajar por la vida: de manera vertical u horizontal.
El camino horizontal está pavimentado por un crecimiento exterior, temporal, material y finito. Sería algo así como definir tu avance bajo estándares de éxito, imagen, logros o pertenencias. El problema con esta elección es que la sociedad es quien decide si tu vida es valiosa o no. Entonces, si mides tu éxito con base en los demás, no importa cuánto te esfuerces en ser “el mejor”: vas a vivir con la constante insatisfacción de encontrar a alguien “más” o “mejor” que tú. La cruda realidad es que avanzar de manera horizontal (en un mundo redondo), te va a dejar agotado y sin haber llegado a ningún sitio.
   
El camino vertical, por otro lado, implica avanzar hacia arriba; es decir, crecer. Supone embarcarse en una trayectoria que te conecta con lo espiritual, lo eterno, lo interno y lo verdadero, caminar cada día buscando nuevas formas de superarte, de pulir tu carácter, mejorar como persona, ayudar a los demás y comprometerte con algo más grande que tus deseos inmediatos. El inconveniente de esta ruta es que aún no está pavimentada, así que hay que andar más despacio y cuidarse de los espejismos que anuncian que no hemos hecho nada con la vida. Pero si miras por el retrovisor, puedes ver el camino que pavimentaste para los que vienen detrás, el mismo camino que te ayudó a llegar más alto.

Así que antes de emprender la marcha, bien vale la pena dar un paso atrás y mirar la imagen completa. Sé particularmente honesto al responder si te estás comparando contigo mismo o si estás midiendo tus avances con base en los demás. Acuérdate de que la elección de cada cambio, cada desviación y vuelta en “U”, depende de los motivos que activan tu necesidad de cambiar. Define si esos cambios te acercan o te alejan de construir un sistema de vida sano y satisfactorio, uno que te lleve tan alto como convertirte en un ser completo, íntegro y feliz. Un destino al que, todos, deberíamos apuntar.

Texto e ilustraciones. Debby Holtzman W.


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