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Resiliencia: cuando la adversidad nos hace evolucionar

¿Qué hace que una persona se sobreponga más rápido a la muerte de un ser querido, a una grave enfermedad o incluso a un secuestro; mientras que otra es incapaz de superar una separación o la pérdida de un empleo?

¿Qué hace que una persona se sobreponga más rápido a la muerte de un ser querido, a una grave enfermedad o incluso a un secuestro; mientras que otra es incapaz de superar una separación o la pérdida de un empleo? Y no, no tiene nada que ver que unos eventos sean más difíciles que otros… se trata de resiliencia.

En psicología, la resiliencia es la capacidad del ser humano no solo para enfrentar y recobrarse de situaciones o circunstancias difíciles que incluso podrían ser traumáticas, sino además salir fortalecido de ellas, dando como resultado el aumento de la autoconfianza y el crecimiento personal.


Lo que no mata, fortalece

De hecho, a nivel físico también tiene una fuerte influencia. Así lo mostró un estudio realizado en la Universidad de Cambridge, que indica que el proceso resiliente estimula la producción de la hormona DHEA que regula los niveles de cortisol, un esteroide natural, que tanto en niveles bajos o niveles altos, pueden provocar depresión, afectaciones a la presión arterial y otros trastornos. Esto refuerza la hipótesis de que una persona resiliente, además de influir positivamente en su estado de ánimo, puede combatir mejor ciertas enfermedades.

Capacidad, rasgo de carácter o ¿qué?

Aunque los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo en la conceptualización de resiliencia: que si es una capacidad o una respuesta común o un proceso o, incluso, un rasgo del carácter individual, para el Dr. Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra, psicoanalista y etólogo francés, considerado el padre de la resiliencia, lo que en sus inicios se entendía como una suma de cualidades no es otra cosa que una fase de interacción. Esto significa que la resiliencia es el resultado de un proceso (y como tal, en constante desarrollo) en el que interactúan la persona afectada, la familia y su entorno. 

Pero sea como fuere, la buena –y mejor aún- noticia es que la resiliencia se puede aprender, desarrollar y potenciar, en pocas palabras, construir.

La soledad: un factor de riesgo

El aislamiento hace una importante diferencia entre superar en el menor tiempo y con el menor daño posibles o hundirse sin remedio. 

Si bien es cierto que cada persona afronta las adversidades de diferente manera -alejándose de los demás, por ejemplo-, ya que hay quienes después de un evento doloroso necesitan “desaparecer” un tiempo prudente (valga la comparación, como un animalito herido busca refugio en soledad para lamer y sanar sus heridas), también lo es el hecho de que entre más tiempo pase una persona sola y aislada, menos posibilidades tendrá de salir adelante sin algún daño.

Las mejores herramientas

Por el contrario, existen dos armas poderosas que contribuyen a reconstruir la vida, e incluso a salir fortalecidos, después de un suceso devastador:

  • Los afectos. Sí, esa “red de apoyo” formada por la familia, los amigos, y la gente que amamos y nos ama.
  • Darle un significado al evento. Es decir, buscar (y encontrar) una respuesta a la interrogante: ¿tiene algún sentido este sufrimiento/dolor/enfermedad/situación?

Características de una persona resiliente

De acuerdo con la Dra. Edith Grotberg, autora del libro “La Resiliencia en el Mundo de Hoy”, las personas resilientes son alegres, curiosas e interesadas en aprender, buscan retos que las mantienen en constante cambio, adaptándose a ellos fácilmente, lo que habla de personalidades flexibles. El perfil mostrado por la doctora, coincide con lo señalado por otros especialistas:

  • Adecuado nivel de autoestima
  • Son personas positivas
  • Sociables y asertivas
  • Elevada capacidad de automotivación
  • Adecuado manejo y control de sus impulsos y emociones
  • Y ante todo, buscan la ayuda y el apoyo social. Intuitiva o conscientemente saben la importancia de buscar/obtener ayuda –incluso profesional­- cuando la requieren.

Cómo afrontar mejor las dificultades

 

  • Evita pensamientos fatalistas. Aun cuando la situación sea difícil, el hecho de magnificar el problema o acontecimiento no resolverá nada y solo provocará mayor estrés, por ello lo más sano es enfocarse solo en el momento (el aquí y el ahora).
  • Expresa tus emociones. No hay por qué avergonzarse de sentir enojo, miedo, ansiedad, tristeza o cualquier otro sentimiento negativo, de hecho platicarlo o simplemente escribirlo, hará consciente la emoción y será más fácil liberarla.
  • Enfócate en cómo superar el evento –o en resolverlo, en caso de ser posible- en lugar de atormentarte con el: “¿por qué a mí, por qué esto?”.
  • Confía en que tienes la fortaleza y capacidad para superar lo que sea por lo que estás atravesando. Ante la incertidumbre por lo que “te depara” el futuro después de experimentar un fuerte golpe, es común sentir que no serás capaz de superar la situación o el evento, pero somos más fuertes de lo que pensamos. Basta ver el caso de Nick Vujicic: si él, con tan limitadas capacidades físicas ha logrado salir adelante de una manera extraordinaria y convertirse en un modelo a seguir, ¿por qué no lograrías tú superar lo que te sucede
  • Ayuda a otras personas. Por sorprendente que parezca, involucrarte en los problemas de los demás y apoyarlos en lugar de solo enfocarte en los tuyos, te hará sentir útil en este mundo, confiada y mejor.
  • Y no olvides apoyarte en las personas que te hacen sentir segura y querida. No faltará quien te juzgue o critique, pero no permitas que eso te afecte, las personas que realmente te quieren buscarán la forma de ayudarte y hacerte sentir bien a pesar de todo, así que mientras te sientas vulnerable, aléjate de quienes te resten energía. Y por supuesto, no dudes en buscar apoyo profesional de ser necesario.
Por Mónica G. Shimizu

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