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A París, con o sin pasaporte.


Enero 2014. La “gira mundial” (laboral) comienza. Los viajes no significan nada sin dejarnos una nueva experiencia. ¡Y benditas las aventuras que, desde el minuto uno, exigen susto, risa y aprendizaje! París nos espera. Ahí están los amigos y una gran exposición en el Grand Palais: Cartier. Le Style et l´Histoire.
El viaje es largo (París es la primera escala); hay que atender todos los detalles antes de empacar. Nada puede faltar (aunque a decir verdad, a mí siempre hay algo que se me olvida). Esta vez no será así. Pensé. Y mi detallada lista de necesidades se cumplió hasta el final… Hasta el final de la empacada, al menos.
Porque de ahí, tranquila, segura, me fui a la oficina a terminar asuntos antes de ir al aeropuerto. Todo a tiempo. Todo en orden.
Confieso que estos últimos días estuve cansada, algo decaída energéticamente. Entusiasmada pero al mismo tiempo desmotivada. No sé si sea la forma correcta de decirlo, pero sí de describirlo. Pero de repente, esperando que llegue mi turno de registrarme en Aeroméxico, ¡pum! Descubro lo afortunada que soy: ¡No traigo mi pasaporte! ¡Ni por la cabeza me pasó echar en el bolso mi estuche de documentos de viaje!
“¡Señorita! -me dice el chico de la aerolínea-, Acérquese para registrarse”. ¿Qué documentos le voy a presentar?
En el camino (de diez pasos), hacia el counter, recuerdo lo que estuve “trabajando” desde finales del año pasado: intentar entender el concepto de tener control desde una perspectiva distinta; tener control significa saber que no lo puedes controlar todo. Y últimamente, de distintos lados, me ha llegado el mismo mensaje: lo que te sucede es un plan perfecto, hecho a tu medida, por una fuerza superior. Hasta hoy debatía ese punto, porque si todo lo que me sucede ya está previsto, ¿en dónde queda mi libre albedrío? Es decir, ¿simplemente me dejó llevar, y ya? O en otras palabras: ¿mejor dejo de angustiarme? Lo primero no. Lo segundo sí.
Tan es así, que sí llegué a París y la vista desde mi ventana no me dejará mentir. Pero el jet lag está ganando. Me voy a dormir. Mañana te cuento qué pasó.



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