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¡Gracias, hoy más que nunca!

Insaciable. Así me siento. Creo que así he sido la mayor parte de mi vida. Lo anterior, te confieso, en muchas ocasiones me hizo sentir ingrata o malagradecida. ¡¿Cómo es posible que, teniendo tanto, quiera todavía más?! 

Insaciable. Así me siento. Creo que así he sido la mayor parte de mi vida. Lo anterior, te confieso, en muchas ocasiones me hizo sentir ingrata o malagradecida. ¡¿Cómo es posible que, teniendo tanto, quiera todavía más?!

Tras mucho llanto, risa, soledades y compañías (porque de eso va la vida), pero siempre rodeada de mis ángeles guardianes (algunos, a decir verdad, preferiría tenerlos más terrenales que divinos, aunque también aprendí, dolorosamente, que cada quien tiene que cumplir su ciclo aquí), aprendí lo siguiente: Respiro ahorita, en este mismo instante, lo cual no evita que reciba con gratitud el siguiente soplo de aire por mi alma y mi cuerpo. Esos respiros, no es que estemos deseando que continúen, y tampoco es que los estemos buscando por la calle, en Instagram o comprándolos por Internet, ¿cierto? Y, bueno, creo que no habrá discusión en torno a que es entre respiros como existimos.

OK. Antes de salirme por la tangente (una de mis especialidades, jajaja) comparto aprendizaje: Querer vivir algo nuevo no nos hace desmerecer el camino que hemos ya recorrido. Recibir el abrazo de un nuevo amigo no provoca el olvido del recuerdo de un viejo compañero.

La gratitud es la clave. Pero, ojo, ser agradecido no significa nada más saberse privilegiado, sino reconocerse con la oportunidad de compartir. La gratitud, ¡como el glow!, si la tienes se nota. La gratitud, ¡como el glow!, es de adentro hacia afuera.

No se trata de decir “gracias”, sino de hacer de nuestra propia gracia, la fortuna de otros. En este caso siempre es lo mismo:
Más es más.


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