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La bondad es contagiosa

Si no encuentras esa paz en ti, busca un héroe que te inspire y, en ese caso, déjate llevar. Lina Holtzman Warszawsky propone y tú, por supuesto, dispones.

Cuando siento que la ira me invade, intento acordarme de mi papá y de cómo vivió su vida. Te estoy hablando de un niño cuya mamá era ama de casa y su papá abonero. Para ganar sus primeros centavos cargaba bolsas en un mercado del centro de la Ciudad de México. No le iba mal en la escuela, pero tampoco era su hit. Lo suyo, hasta muchos años después, fue su hermano Aarón, quien le regaló su primera guitarra, la cual no sólo aprendió a tocar, sino que, con ella, pudo volar.

Ya con más de 16 años, formó un grupo (Los Vocalistas) con sus amigos, con quienes recorrió el mundo cantando. Algunas de sus canciones las interpretó él y otras, Enrique Guzmán, como por ejemplo, “Oye” y “Payasito”).

Por invitación directa del mismísimo Walt Disney, fue voz en español del tierno burro Igor, el inseparable amigo de Winnie Pooh, así como del simpático y panzón Gus (cómplice de Cenicienta). Timoteo, quien ayudó a que Dumbo se atreviera a volar, también hablaba con la voz de mi papá.

La fama no era su fin último y antes de cumplir 30 años se retiró para establecerse finalmente en México. Ya casado y con un trío de bellísimos hijos (claro, mis dos hermanos y yo) varias veces lo “dejaron en la calle” por confiado. Así como lo oyes, por confiar en medio mundo, la mitad de ese medio mundo abusó de su bondad.



Y aunque no me lo creas, jamás en mi vida le escuché maldecir a ninguno de los que le hicieron daño. Es más, y esto es una intimidad familiar: recuerdo que cuando no había para pagar las cuentas, en vez de despedir a quienes trabajaban con él, les pagaba, sin importar que sus deudas crecieran cada día más. “Ellos lo necesitan todavía más que nosotros”, nos decía. ¡Uf! ¡Cómo quisiera ser como él! Pero de repente sí me invade el coraje cuando... Bueno, para qué te cuento...

Mejor te comparto un texto de Audrey Hepburn, que justamente llegó hoy a mis manos: “Para tener unos ojos bonitos, rodéate de personas generosas. Para mantener la figura, comparte la comida con alguien que pase hambre. Para tener un pelo bonito, deja que un niño lo acaricie con sus dedos. Las personas, mucho más que las cosas, necesitan ser reestablecidas, reavivadas, recuperadas y perdonadas. No se debe rechazar nunca a nadie. La belleza de una mujer no reside en la estética de su cara, sino en el reflejo que proyecta su alma cuando procura atenciones con amor y demuestra pasión por lo que hace. La belleza de una mujer crece con los años.”

La bondad es contagiosa

Sí, como historias, ambas son inspiradoras pero, ¿soy capaz de tener tal templanza ante mis propias encrucijadas y debacles? “Cuenta hasta diez”, decían en la tele. “Haz esto y lo otro para mantener la calma y disminuir la ira...”, recomiendan. Parece que hoy en día todo gira en torno al caos, el enojo, la violencia, la agresión.

Cuando experimentamos una emoción negativa (ojo, porque puede ser resultado de un verdadero ataque o de una inseguridad que nos hace creer que se trata de una agresión) “se reduce el grado de autoconciencia y se forma una barrera frente a los demás, lo que provoca este pensamiento: ¡Estoy yo primero!”, explica el autor de Curación emocional (Editorial Kairós), el doctor David Serban-Schreiber.

Hay quienes viven encerrados en esas barreras. Son los que intimidan, los que se imponen de una u otra manera. Los que no aceptan una crítica porque ellos “no se equivocan”. Ellos, de una u otra manera, generan, en quienes los rodean, sensaciones negativas.

Por su parte, las sensaciones positivas, que pueden llegarnos igualmente a través del contacto con otras personas (lejanas o cercanas) generan lo contrario al aislamiento y al “¡yo, yo, yo!”. La inspiración abre la mente y el corazón y provoca querer ser mejor, dar más, abrirse al mundo. Si viste alguna vez la película Cadena de favores (Pay it forward) entenderás el proceso; si no la has visto, te recomiendo buscarla para encontrar una enorme fuente de inspiración en ella.

¿Qué hay con el cerebro?

La oxitocina es una hormona que segrega el cerebro cuando nos emocionamos. No es que sea la hormona oficial del amor y la bondad, pero sí es la prueba de que una sensación positiva genera optimismo en el ser humano y de que, cuando nos relacionamos con alguien bondadoso, más próximos estamos de nuestra propia bondad. Haz la prueba.

Ahora bien, habiendo en el mundo tantas personas que nos motivan a ser mejores, ¿qué diablos hacemos rodeados de gente que nos aleja de lo más bello que tenemos en la vida? En nosotros está encontrar a nuestro héroe.

Por LINA HOLTZMAN WARSZAWSKY


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