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La que vale la pena aquí ¡soy yo!


El vestido Dior es lo de menos. De hecho me parece que Amal Clooney casi no hizo énfasis en él. Sí que mencionó gustosa a la Maison francesa, pero su voz fue más incisiva al mencionar: “los guantes son míos”. Es decir, claro que es un placer vestir couture, pero mis ideas son más importantes. La que vale aquí, soy yo. Con eso me quedo yo de la entrega de los Golden Globes, el domingo pasado.

Poco importa si creo que el matrimonio de la abogada de origen libanés pero nacionalizada británica con el actor y activista George Clooney nació del amor o del interés, lo que me apasiona es que finalmente (y por eso sí felicito, ya sea a George o al estratega detrás de él) alguien se atrevió a sentirse tan poderoso, como para llevar de la mano a una mujer más atractiva que él. ¡Y por supuesto que no hablo del físico!

Por mucho tiempo, o más bien desde que era yo una chavita, me repitieron algo que voy a resumir en pocas palabras: durante un date ¡tú hazte la tonta! Es decir que para que un hombre quisiera volver a salir conmigo y/o comprometerse en una relación, él debía creer que las puede más que yo. Enfaticemos el término creer, por favor.

La experiencia me demostró que quienes me recomendaron actuar como mensa tenían razón. La mayoría de los hombres (sí, sí, claro, cada quien habla como le va en la feria) encuentra enigmáticas a quienes decimos lo que pensamos. Se emocionan con nuestras historias (tanto las de éxito como las de fracaso también). Se vuelven nuestros cómplices porque con nosotras aprenden, se divierten, las aventuras nunca terminan y la vida es un derroche de experiencias. Ah, y además estamos de muy buen ver (la verdad).

No necesitamos tratarlos mal para sentirnos mejor. Atenderlos es divertido. Dejarnos consentir por ellos es un agasajo. Y en equilibrio vamos creciendo, sumando éxitos (personales y profesionales). ¿Se puede pedir algo más? ¡Por supuesto que sí! El principio de todo: salud. Pero ese es otro tema.

El caso es que una mujer inteligente es lo mejor que le puede pasar a un hombre (y a la historia del mundo me remito), pero por alguna razón a muchos, hasta hoy, les daba miedo relacionarse con una dama de ese calibre. Confieso: no sé porqué. Pero bueno, dejemos el cambio en manos del Sr. y la Sra. Clooney.

Siempre he creído que en Hollywood “no dan paso sin huarache” (aunque en mi oficina muchos me escuchen incrédulos), por lo que pienso que el discurso de Tina y Amy, durante el primer bloque de la trasmisión de los premios, fue previamente autorizado por Clooney: “Con nosotros está Amal Clooney, abogada especializada en derechos humanos, derecho penal e internacional, quien trabajó en el caso Enron, fue asesora para Kofi Annan sobre temas relacionados con Siria… Y bueno, quien recibe un Lifetime Achievement Award es su esposo, George. Así es Hollywood”.

Tras esas palabras, George rió, Amal se sonrojó, el salón entero aplaudió, y yo fui feliz. Porque a ella no la hizo menos el premio de su marido. Y él no se minimizó cuando el verdadero reconocimiento se lo llevó su esposa.

Y recordé inmediatamente que durante las vacaciones navideñas, la televisión estadounidense insistió, a través de numerosos programas de entretenimiento que este año sería “about the ass”.

¿Sabes qué? Espero que no. Creo que no. Que se quite J.Lo. A un lado Sofía Vergara. A la Kardashian no la cuento porque el de ella es fake. El caso es que se ha sentado un gran precedente para que a partir de ahora, se trate “all about the brains”. A todos nos iría mejor, sin duda alguna.



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