Quiosco

Habitar el mundo

De Las horas contigo a Las niñas bien, de Viaje redondo a Paradas continuas o El club de los insomnes, de La piel en llamas o La señorita Julia a Blackbird, uno siente que conoce a esta gran mujer como a los amigos, como a la familia. No en vano es una actriz con quien se conversa como si nada más importara: con calma, con gracia, con tiempo, con sabor, con alegría, con profundidad y con ganas, muchas, de…

 

GLOW!: Ahora sí nos tocó agarrarte entre ensayos…
CASSANDRA CIANGHEROTTI: Sí, en efecto.

GLOW!: Ibas a ser nuestra portada de mayo, pero eres la de septiembre. ¿Crees en las casualidades?
CASSANDRA: Creo en las causalidades. Me parece que las cosas suceden porque las vamos generando, vamos consumando actos que tienen consecuencias y repercuten en cosas benéficas y en otras que no lo son tanto.

GLOW!: Me voy a ir a las que “no lo son tanto” y luego a las benéficas.
¿Qué haces cuando una circunstancia “no se saborea tanto”, pero sabes que es una consecuencia?
CASSANDRA: Observo por qué estoy en esa situación y por qué me molesta. Es bien interesante que sucedan cosas que a uno le molestan, aunque no tendrían por qué. A veces se trata de personas, circunstancias, pero todo es una especie de espejo, de reflejo de algo que uno puede trabajar y enfocar desde otro lugar. También me pasa con las cosas positivas: cuando suceden cosas buenas, a veces la situación se torna compleja. De repente es difícil aceptar que todo está bien.

GLOW!: Cien por ciento de acuerdo. Me pasó hace muchos años. Mi papito todavía vivía… Bueno, antes haré un paréntesis, te voy a contar que tu papá y el mío se conocieron y trabajaron juntos, pero, bueno, ahorita hablemos de las hijas. Un día le dije a mi papá que me sentía muy mal pues ya trabajaba, era autosuficiente y me compré un bolso caro y sentí culpa por pensar: “¡Híjole!, lo que se hubiera hecho con este dinero”. Entonces él me dijo: “Obtienes lo que quieres, lo que te mereces, pero no te olvides de esa responsabilidad que tienes con los que no pueden darse esos privilegios y ocúpate de ellos”.
CASSANDRA: Sí, siempre hay algo que puede generarte culpa. Por ejemplo, cuando te vas de viaje o comes sano, y te sale caro. Estamos constantemente en ese dilema. Por eso creo que hay que poner prioridades; por ejemplo, a veces me llama más un libro que una prenda. Ahora si para alguien más es prioridad la ropa, adelante, sin culpa que se la compre, en lugar del libro. Si uno se entiende como es, de ahí partirá para tomar decisiones. Si la amistad es más importante para ti que la relación profesional con otras personas, pues hazla tu prioridad.



GLOW!: Acabas de mencionar algo que en otras páginas de la revista está siendo investigado. Esto que mencionas del disfrute de una buena lectura, que puede provocarte tristeza, miedo o lo que sea. Tú que trabajas desde el ámbito cultural, cinematográfico, de entretenimiento, ¿qué dirías que nos hace falta como sociedad, como país, para consumir más libros?
CASSANDRA: Creo que se empieza desde los cuentos, hace falta contarles más de ellos a los niños. Yo tuve el privilegio de ir a una escuela en la que enseñaban contando cuentos, incluso las matemáticas. Me acuerdo de la anécdota del número uno, de un rey que estaba buscando cuál era el número más importante y un sabio le decía que era el número uno porque solo había un sol, un cielo, una Tierra. Así cada número tenía una simbología. Cuando a los niños les das otro sentido de lo que tienen alrededor, les vas a generar curiosidad.
En cambio, cuando les damos las cosas de manera sistemática; es decir, cuando les decimos a los pequeños cómo debe tener la cara una muñeca, cómo tiene que ser una cocina… En mi escuela había una mesa de madera y esa era la cocina, las muñecas no tenían cara, eran de trapo y así uno podía proyectar la emoción que quisiera en ellas. Desde que un ser humano es chiquito se le debe educar en la sensibilidad.

GLOW!: Hablando de sensibilidad, estoy frente a una mujer extremadamente sensible que dice cómo tiene que ser tal o cual, y por eso aplica la siguiente pregunta que te voy a hacer, o no. ¿Cómo tiene que ser Cassandra Ciangherotti? ¿Cómo tienes que ser?
CASSANDRA: ¿Cómo tengo que ser en la vida en general?

GLOW!: A lo mejor me vas a decir “no tengo que ser de una manera”.
CASSANDRA: El “tengo que” lo he tenido siempre (ríe). Siempre he sentido que tengo que hacer muchas cosas y es algo que he aprendido a suspender un poco para poder habitar más la espontaneidad, que eso me lo ha dado muchísimo el teatro, la capacidad de perseguir un objetivo, o sea, perseguir la necesidad de que mi compañero haga cosas, aunque vayan en contra de lo que el autor de la obra esté planteando. Por ejemplo, el personaje va a morir prisionero, pero el objetivo de buscar la libertad a lo largo de la trama y con las herramientas que tengas, como hacer reír al otro, hacerlo llorar, hacerlo sentir culpable o lo que sea, hace que uno tenga que buscar la espontaneidad, tenga que habitar lugares de no estabilidad y eso me lo ha dado mucho mi carrera. Hay algo que sí sé que tengo que hacer: tratar de ser feliz y de ser menos aprehensiva.

GLOW!: ¡Yujuu!
CASSANDRA: (Ríe nerviosamente). Se trata
de saber que habrá momentos de alegría y de tristeza y no sentirme culpable al experimentar cualquiera de ellos.

GLOW!: ¿No te pasa que se vuelve más reto el gozo que sentirse triste?
CASSANDRA: Vivimos en una época en que la felicidad parecería una obligación. Las redes sociales son toda una pantalla de lo que es la alegría y hay poca visualización de la tristeza, pero estamos en un plano material donde las cosas duelen. Yo creo que venimos del espíritu y de un plano donde no hay materia y donde hay estabilidad, pero al llegar a la Tierra, el dolor es parte de nuestra naturaleza, solo que no lo manifestamos, ni hablamos de él. Incluso nos parece grotesco cuando alguien lo expone, como que es de mal gusto, como si solo la felicidad tuviera la cualidad de exponerse.

GLOW!: Amo que hayas mencionado eso porque el hecho de que hayamos tomado las fotos en un museo, como el de Memoria y Tolerancia, habla de entender las situaciones de la vida, las más dramáticas, las más in-creí-bles, como parte de un discurso que tenemos que compartir y que tenemos que comunicar. Los momentos más dolorosos de la historia humana están aquí, en este recinto.
CASSANDRA: Muy importante tener un espacio que nos confronte con las catástrofes que somos capaces de generar como humanos.

GLOW!: Un hombre contra otro.
CASSANDRA: Sí, por ignorancia e incapacidad de tolerar y de asimilar las diferencias que hay entre unos y otros. Es un privilegio estar en este lugar.

GLOW!: Curioso que digas “privilegio” y no “responsabilidad” porque el privilegio también conlleva responsabilidad.
CASSANDRA: Tenemos la responsabilidad todos los días de ver la manera en que actuamos, cómo nos relacionamos con el otro, en el trato, el trabajo, en la tolerancia en pequeñas cosas. Por ejemplo, cuando tengo un mal día, ahí se ve la tolerancia de los demás hacia mí. Cada vez que pienso en la violencia del mundo, me pregunto qué tan violenta soy conmigo misma, cómo el trato que me doy es un reflejo de lo que veo en el mundo. Me parece que en la medida en que nos tratemos bien y tengamos respeto por nosotros, se generará un cambio afuera. La responsabilidad está todos los días, el privilegio es el de estar hoy en un recinto tan importante como este.



GLOW!: Con eso que dices de “generar un cambio afuera”, con tu capacidad de fluir, de conectarte con el momento, de bondad y compromiso, porque eso vibré de ti, me generaste un “flow” (algo que tengo que decirlo en inglés). ¡Qué pena pochear!, pero fíjate el privilegio tan grande de estar en un recinto como este y lo que sucedió hoy fue una danza. Tú provocaste un vaivén de emociones bien bonitas, que a todos nos dejaste vibrando en absoluta positividad.
CASSANDRA: ¡Qué lindo eso que me dices, muchas gracias! Creo que el privilegio de meter el arte de una foto en un espacio como este, del movimiento, de la gracia, del amor por lo que estás haciendo es una manera de contrarrestar la realidad de violencia que este espacio expone como un reflejo para que la gente pueda entender por dónde ir y por dónde no.

GLOW!: La agradecida soy yo y gracias por ser ese reflejo y fuente de inspiración para nosotros.


Blackbird, en palabras de cassandra ciangherotti
Del 19 de agosto al 29 de septiembre, Cassandra participa en la obra de teatro Blackbird, un magistral montaje dirigido por Katina Medina Mora, en el que la actriz y Alejandro Calva representan a dos personajes que se enfrentan 15 años después de un atroz suceso. Ella misma describe en este texto los motivos, el proceso y su visión de esta puesta en escena.   



Blackbird es una obra que se estrenó hace casi 15 años en el festival de teatro de Edimburgo, el cual es muy importante. El escritor se llama David Harrower y se trata de uno de los mejores textos teatrales que he leído, amén de los clásicos, que son maravillosos, pero este es un texto contemporáneo de gran magnitud. Es una historia que suscita muchos puntos de vista, porque se puede pensar que es una historia de amor que no debió haber sucedido entre un hombre de 40 años y una niña de 12, pero también es una historia de abuso con repercusiones infinitas. Puede pensarse que es una historia de amor en un universo donde las víctimas habitan la culpa, culpa al pensar “yo lo seduje”, “él se enamoró”, “estábamos enamorados”, “yo no tengo derecho a sentirme como me siento”. Es un texto muy bien logrado porque uno como espectador acaba dudando de si en verdad es o no una historia de amor, que justo es lo que les pasa a esas víctimas que habitan esa duda.

En su debut dijeron que era muy fuerte. En el Festival de Edimburgo fue un hitazo y por eso se montó en varios países, como España, Argentina, Broadway, Londres y en México se hizo hace algunos años. La lectura de la obra puede tomar muchas vertientes. Por ejemplo, una de mis amigas fue a verla, pese a que tiene una amiga en Argentina, directora, quien le advirtió: “No vayas, porque es una obra tremenda”, pero estuvo en desacuerdo con esta opinión, ya que en la lectura de su amiga, la niña era “muy promiscua”, el clásico: “Ella se lo buscó…”

En Londres consideraron que se trataba de una obra de amor maravillosa, compleja. En Nueva York se enfocaron en el personaje de la chica y catalogaron la obra como sarcástica. Se trata de personajes muy delicados de interpretar porque uno como actor quizá no quisiera salvar al rey, pero sí entenderlo y defenderlo. Como actriz sucede lo mismo con el personaje de Uma, solo que es muy complejo porque habita al arquetipo de la víctima y el abusador trata de convencerla de que no es una víctima, ahí radica la complejidad de la situación porque decirle que eso fue una historia de amor pues quizá le dé un subidón para salir de ese patrón, pero hacia qué lado, a consecuencia de qué.

Katina Medina es la directora de teatro a la que le llegó el texto y le pareció muy importante montarlo. Ella me invitó. Es una historia que toca fibras muy profundas para ella y tenía muchas ganas de hablar del tema.

Para mí la obra es una tragedia, un género que me parece está olvidado no a nivel teatral, sino en nuestra psique. Me parece que en la tragedia lo que nos sucede es responsabilidad de nosotros y hay diferentes formas de verla porque en la cultura occidental, que es la que nos invade, la vida es caótica, cualquier cosa puede suceder, esa es nuestra idea de la tragedia.


En cambio, en la tragedia oriental se dice que uno siempre llega al lugar donde caminó. Es hermoso, me encanta. Esta versión es la que más me gusta para entender la tragedia porque nos hace entender muchas cosas, por ejemplo, el hecho de que todos somos seres sexuales y eso no nos tendría por qué generar culpa, venimos de un acto sexual y desde los dos años estamos descubriendo nuestro cuerpo, entonces vamos a caminar en búsqueda del acercamiento sexual, vamos a avanzar hacia ese camino. Eso no debería generarle culpa a un niño; en cambio, el adulto puede usar eso a su favor y puede pensar que porque una niña llega a darle besos en toda la cara, él se la puede coger y no tendría que ser de esa manera. El adulto se supondría que tiene la conciencia para saber que la psique de ese niño o niña todavía no está preparada para vivir una experiencia de esa magnitud. Eso es lo que Blackbird nos plantea, pues a los 12 años una niña puede sentirse de 17, pero cuando alguien te lastima, te sientes de ocho, de nueve. De la misma manera, que yo, a mis 32 años, me puedo sentir de 40 para unas cosas y de 22 para otras, y siempre estoy en el in between.

Blackbird es una obra que habla de la autoobservación, es decir, vamos a observar cómo opera el pedófilo. Podría haber diferencias entre un pedófilo y un pederasta, en este hay una perversidad marcada. Hay muchas personas que tienen la tendencia de querer acercarse sexualmente a los niños, muchas más de las que imaginamos. Tenemos tan satanizado ese deseo, que no se atreven a salir de esas máscaras. Los hombres que abusan de esta manera haciéndoles creer que se enamoraron o haciendo sentir culpables a las niñas son ganadores a madres, que no solo las tienen seducidas, sino al entorno de estas, son personas encantadoras.

En el caso de este personaje no ocurre así, porque no es alguien cercano a la familia, eso hace la diferencia con Blackbird porque son dos entes que no están permeados alrededor. La niña no tiene el conflicto tan directo como si fuera amigo de sus papás y ella tiene otras consecuencias, como que la mamá la juzgue o no la entienda, esto te lo va dando la obra, y la autora es muy inteligente al plantearlo y separarlo mediante la posibilidad del amor porque si hubiera sido el tío o algún familiar, esa posibilidad ya estaría anulada. Al otorgarles la posibilidad del amor, nos otorga a nosotros la posibilidad de la reflexión porque le da derecho de réplica al personaje del victimario y el espectador acaba sintiéndose como termina por sentirse la víctima en sus respuestas, en su autoconvencimiento de “yo no hubiera caído ahí, si tú no hubieras sido la que me provocó”.

Después de los ensayos hemos tenido opiniones de la gente y es muy curioso que un señor dijera: “Yo creo que es una historia de amor porque a los 12 años ya no eres una niña, sino una chavita que está despertando y finalmente el personaje de ella está regresando por más”. Y mientras yo escuchaba ese argumento, pensaba: “Dios mío, ahí estamos todavía”. Otra señora comentó: “Es que la niña es muy promiscua” y con una actitud de persignarse. También están las otras lecturas cuando alguien comparte que pasó por la misma situación y un sujeto jugó con ella y no había entendido que había sido abusada hasta que cumplió 30 años, pues cuando tenía 12 no podía entender cómo era posible que viviera esas cosas, pues toda su vida había creído que su abusador había sido su novio. Pasan muchos años para que las víctimas se den cuenta por lo que pasaron realmente y de la psique que tenían.

El tema es muy actual. De dos años a esta fecha, entender la vulnerabilidad ha sido a lo que nos estamos enfrentando. Cuando las mujeres pensamos que nos van a castigar si empezamos a creer que “nos lo buscamos”, ya genera una problemática.



Hace 10 años me enteré de una historia de abuso en Oaxaca: una amiga de mi papá estaba contando que habían metido a un señor a la cárcel porque había abusado de una chiquita de cuatro años y lo dejaron salir porque el juez había dicho que la niña tenía una pijama muy atractiva, que él había llegado borracho y que ella había seducido al sujeto. Yo pensé: “¡Cómo puede ocurrírsele a alguien pensar eso!”.

Relaciono la falta de autoestima que tenemos en México con el abuso infantil porque cómo esperamos que una persona sea creativa si le arrancamos su inocencia. La creatividad tiene un ingrediente de inocencia importante, tienes que ser muy inocente para creer que una obra de teatro, un cuadro, la idea de un empresario va a funcionar. Hay un grado de inocencia en el arte, en lo creativo en cualquier campo y cuando le arrebatan la inocencia a un niño y le meten culpa diciéndole que él se lo buscó, ¿cómo va a salir adelante? ¿Qué percepción tiene ese niño de sí mismo? Así es como destruyes a un ser humano, porque es muy difícil que recupere su seguridad por la culpa inmensa que siente. Con el personaje del abusador, así como trata de negar su culpa y justificarse con la historia de amor, la chica está lidiando con el peso de una necesidad que no va a poder saciar y sintiéndose mala persona, alguien oscuro.

Estamos llegando a un momento en el que hay que tener cierta sencillez y elegancia porque no me gusta hablar de austeridad, no me gusta pensarnos en un país sin bonanza. Mejor pensar en eso, sencillez y elegancia, el buen gusto que no tiene que ver con la clase, la economía… En ese mundo ideal en el que yo vivo caben la sencillez y el buen gusto. El lujo de habitar y estar presente en el aquí y el ahora.

Por  LINA HOLTZMAN WARSZAWSKI


Publicación más antigua





#KeepGlowingOn

¡Síguenos en Instagram!


GLOW! TV

¡Está de regreso!
Déjanos inspirarte desde la mirada hasta el alma...
Conduce: Lina Holtzman Warszawsky

Síguenos en YouTube