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¿Héroe cotidiano o víctima invisible?

Resulta increíble comprender que las situaciones más dolorosas (esas que nos llevan al límite y hacen que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y voluntad necesarias para continuar adelante), son las que sacan a flote nuestra verdadera esencia. Todos hemos vivido historias duras, dolorosas e impactantes. Las pruebas pasan, las heridas cierran, la vida continúa y los “asuntos personales” comienzan a ganar terreno. Así, mediante una poca de rutina y algunos otros pretextos, ponemos a dormir esa luz que tanta vida nos había robado. Y tú, ¿te conviertes en héroe o víctima?

Todos hemos vivido historias duras, dolorosas e impactantes.

Las pruebas pasan, las heridas cierran, la vida continúa y los “asuntos personales” comienzan a ganar terreno. Así, mediante una poca de rutina y algunos otros pretextos, ponemos a dormir esa luz que tanta vida nos había insuflado. Nos convencemos de la poca influencia que tiene nuestra opinión en el mundo, y nos olvidamos de actuar como los súper héroes que realmente somos (y que podemos seguir siendo). 

Pero si somos capaces de salir a las calles y conseguir milagros en momentos tan duros y desalentadores, ¿qué no seríamos capaces de hacer por mejorar nuestra calidad de vida y sociedad cuando las cosas marchan bien? Por eso te pido que antes de lanzarte de lleno a la rutina de una vida “normal”, tengas bien presente la responsabilidad que tienes de mantener el título de héroe, sin la necesidad de atravesar más pruebas dolorosas:

1. Nunca es demasiado tarde para ser eso que pudiste haber sido 

No lo dije yo, sino George Eliot (pseudónimo de la escritora Mary Anne Evans), pero comparto la idea: no desperdicies tu tiempo enfocándote en el tiempo que desaprovechaste o las oportunidades que dejaste pasar. Mejor convierte tus arrepentimientos en lecciones aprendidas y utiliza tus fracasos como los cimientos para construir nuevas realidades. Si un buen pleito te hace entender lo dolorosas e hirientes que pueden llegar a ser las palabras, utiliza la experiencia para controlar tu boca la siguiente ocasión que sientas que puedes perder el control. Aprovecha cada oportunidad que tengas para mejorarte hasta  convertirte en esa persona que te gustaría ser.

2. El cambio no es todo o nada 

Muchas veces caemos en el error de creer que para obtener buenos resultados tenemos que ser rápidos, extremos y exitosos. Así que bajo el disfraz de: o corro una maratón o mejor ni hago ejercicio, nos boicoteamos la posibilidad de siquiera intentarlo. La realidad es que los verdaderos cambios (al menos los más duraderos y significativos) suelen ser lentos y graduales. Olvídate por un momento del “resultado final” y concentra tu energía en cambiar pequeños hábitos y costumbres que puedas integrar poco a poco como parte de tu personalidad. No importa cuán lento y lejano pueda parecer tu progreso, cuando menos te des cuenta: ¡cruzaste la meta!.

3. Tu vida no termina hasta que se termina

Siguiendo con el punto anterior, por más ganas que tengamos de alcanzar una meta, no te desilusiones si las cosas no te salen como esperabas. Al principio es muy fácil equivocarse, ser torpe en la tarea y sentirnos frustrados, pero recuerda: nadie nació sabiéndolo todo. Así que sigue intentándolo, sigue mejorando, y concéntrate (ahora sí) en el objetivo que deseas alcanzar. No desistas: para alcanzar nuestros sueños necesitamos tiempo, esfuerzo y un sueño por el que valga la pena luchar e intentarlo las veces que sean necesarias para que puedas tocarlo con las manos.

4. No hagas las cosas por gusto (pero sí con gusto)

Muchas veces nos sentimos cansados, apáticos o escépticos, y posponemos ciertas cosas y responsabilidades para el día siguiente. Pero… ¿y si mañana tampoco tienes ganas de hacerlo? Una de las grandes mentiras de nuestra sociedad actual (especialmente en la educación y la infancia), es creer que necesitamos sentirnos estimulados y entusiastas para “ponernos en marcha”. Es cierto, el entusiasmo es una sensación fantástica, pero no es suficiente motivo para hacer o dejar de hacer las cosas. A nadie le gusta lavar los platos, pero todos disfrutamos de una cocina limpia y ordenada. Intercambia placer por disciplina como motor para ponerte en marcha, y verás cómo la satisfacción y el gusto te seguirán los pasos. La mayoría de veces, la batalla se gana conquistando a tus mejores excusas: y no hay mayor placer que eso.

5. Cualquier cosa que hagas (o dejes de hacer) es tu elección

¿Mañanas caóticas o rutinas claras?, ¿quejas o soluciones?, ¿distracciones interminables o momentos de reflexión?, ¿gritos o palabras amables?, ¿verdades o mentiras?, ¿orgullo o humildad?, ¿flojera o acción?, ¿explotar o contenerse?, ¿ofrecer disculpas o insultar?, ¿ayudar o seguirme de largo?… Todas son elecciones que asumimos constantemente y sin descanso. Así que si queremos mejorar nuestra vida y la del mundo entero, debemos comenzar por analizar nuestras “pequeñas elecciones diarias” (y no te olvides de corregirlas).

6. En lugar de buscar la luz, conviértete en luz

No pienses que necesitas cambiar a las personas o las cosas que te rodean para mejorar el mundo. Es muy tentador pasarnos la pelota y culpar a los políticos o el sistema, pero hacerlo no soluciona nada. La transformación auténtica viene desde dentro: nace de la bondad y el amor que le imprimimos tanto a lo que hacemos, como a las personas que encuentres por el camino. Ya va siendo tiempo de que, cada uno de nosotros asuma el compromiso de personificar un modelo de paciencia, ética y bondad. Y no importa cómo actúen los demás: no hay mejor medicina para la vida que predicar con el ejemplo. Como dice Tina Seeling: Nunca pierdas una oportunidad de ser fabuloso. ¿Te imaginas cómo sería la vida si todos nos rigiéramos bajo este principio?.

7. Márcate una meta que no puedas alcanzar, hasta convertirte en la persona que sí puede hacerlo

No te sientas intimidado por tener grandes planes: tienes el potencial de convertirte en el tipo de persona necesaria para conquistar tus sueños. Sólo es cuestión de ser claro. Si, por ejemplo, quieres convertirte en un buen padre, analiza las características y aptitudes que encajan en tu definición del puesto, como ser un hombre amoroso, presente, seguro, paciente, divertido, accesible, coherente, etc. Recapacita también sobre aquellos defectos que consideras que te alejan de tu objetivo (como ser workohólico, agresivo o pasivo) Una vez que tengas claras la listas, comienza a trabajar en cultivar esas cualidades y pulir aquellos rasgos que te estorban, de esta manera el puesto será tuyo.

La pelota está en la cancha, el partido está por comenzar y sólo hay dos equipos: héroe cotidiano o víctima invisible. La elección, como siempre, es tuya.

POR DEBBY HOLTZMAN


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