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Duchamp-Dalí: territorio onírico

Creativos e irreverentes, Salvador Dalí y Marcel Duchamp son dos de los personajes más influyentes en la historia del arte contemporáneo. Su devenir y encuentro es atestiguado por una magna exposición en Londres.

Los dos confiaban en la omnipotencia de los sueños. Duchamp, el padre del arte conceptual; Dalí, uno de los máximos exponentes del movimiento surrealista, habitaban una frontera común. Su telescopio creativo apuntaba hacia los mismos universos: el erotismo, el poder del lenguaje, el humor y el escepticismo. Eran amigos y sus obras son testimonio de sus constantes guiños. Precisamente en este territorio se posa la exposición Dalí/Duchamp que se presenta en la Royal Academy of Arts en Londres hasta principios del 2018.

Como genios irreverentes de buena cepa, estos artistas se alimentaban de la controversia, pero materializada en piezas de sofisticada inteligencia que se han mantenido como sellos indelebles de la historia del arte. La Fountain (1917) de Marcel Duchamp (1887-1968) es uno de sus ready-made más famosos y ha servido de inspiración para muchas otras piezas que han retomado diversos artistas a través del tiempo. La dosis perfecta de humor negro y creatividad logró que un urinal se convirtiera en la obra más representativa del arte conceptual.

Sus ready-made, objetos cotidianos que son retirados de su contexto natural para presentarse como obras de arte, representan un juego verbal y material que cuestiona en sí mismo la función del arte y sus procesos. Pero el reino de Duchamp no finalizó allí. El francés es precursor de muchas otras cosas, como el arte cinético. Otro ready-made lo pone en evidencia: su Roue de bicyclette (1913) lleva el movimiento, literalmente, a otro nivel y de hecho se considera que esta pieza también forma parte de las bases en las que se desarrolla la historia de la instalación, consolidada sobre todo a través del trabajo de los dadaístas.

Pero, ¿qué pasaba con Salvador Dalí (1904-1989) en la época en que Duchamp le gritaba al mundo a través de sus piezas que no cabía en ningún tipo de molde la ironía que realmente movilizaba al mundo? Dalí era 17 años más joven que su amigo. El joven artista español plasmaba desde sus primeras obras las claras influencias del surrealismo, un movimiento capitaneado por André Bretón y que llevaba como consigna encontrar el arte a través del conocimiento de las pulsiones y el inconsciente, manifestados a través de los sueños y los deseos.

“Creo en la futura resolución de esos dos estados en apariencia muy contradictorios que son el sueño y la realidad, para encontrarse en una realidad absoluta, de surrealidad, si así puede decirse”, se leía en el Manifiesto del Surrealismo publicado en 1924.

El mundo de Dalí estaba lleno de paisajes que navegaban justamente en este territorio plagado de dunas, escurridizos relojes, fieras, océanos, horizontes, espaldas desnudas, ruinas, sombras, violines y bocados. Los sueños de Dalí eran muchos y eran capitaneados por su enorme ego. Esta quizá fue una de las principales razones por la que los surrealistas lo expulsaron de su grupo en 1939; sin embargo, el distanciamiento ya era claro desde varios años antes, pues entre tantos egos, sueños y rotundas realidades, nada ni nadie tenía permanencia perenne.

De hecho, su separación oficial del grupo coincide con uno de los momentos de mayor acercamiento con Duchamp. Los artistas iniciaron su amistad a inicios de los años 1930; una postal exhibida en la muestra, atestigua precisamente la temporalidad de sus encuentros. Durante más de 20 años coincidieron durante muchos veranos en el pueblo pesquero de Cadaqués, al noreste de Cataluña. Como buenos amantes de los símbolos, hicieron algo parecido a un ménage à trois con la Mona Lisa de Da Vinci. Duchamp decidió cambiarla de género acomodándole un sutil bigote en 1919, mientras que más de tres décadas después, Dalí homenajeó la propuesta de su amigo permitiéndole al fotógrafo Philippe Halsman que insertara un retrato suyo (con su nada sutil bigote) a una imagen de La Gioconda que sostenía avariciosamente unas monedas en las manos.

La exposición, curada por Dawn Ades y William Jeffett, y organizada por la Royal Academy of Arts y el Museo de Dalí, en colaboración con la fundación Gala-Salvador Dalí y la Asociación Marcel Duchamp, presenta además de alrededor de 80 obras de los artistas, fotografías, filmes y cartas que atestiguan la amistad y mutua admiración de dos personajes tan provocativos que siguen marcando pauta en el arte contemporáneo


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