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Efecto Cuarón

Casi 30 años después de Solo con tu pareja, la ciudad de México vuelve aser escenario del cineasta mexicano. Seleccionada ya para representar a México en los Oscars el próximo año, la película deberá cumplir con el requisito de ser exhibida en cines y no solo en Netflix. Al mismo tiempo, después del León de Oro en Venecia, Roma ha recibido el que sea quizás el mejor premio para cualquier filme: el reclamo del público por verla en la pantalla grande.

Roma tiene un efecto de nostalgia y retrospección muy puntual: te transportará a la niñez. No importa en qué década hayas nacido, ni cómo hayas vivido tus épocas gloriosas de juventud, cuando ni la quincena, ni los compromisos románticos, ni mucho menos el ajetreo personal eran impedimento para disfrutar de un lindo atardecer con amigos, de una tarde de sala viendo la televisión o de una merienda aderezada con el cotilleo familiar.
 
Antes o después de verla, se antoja hacer el ejercicio de poner en blanco la mente y recordar lo que hacíamos a los ocho, a los 10, a los 12 años, y recuperar en el momento aquello que hacía latir y que marcaba el pulso de nuestra vida en aquel entonces.

Recuerdos a granel: comprábamos rollos para la cámara fotográfica que desempolvábamos en los cumpleaños; íbamos a la tienda de la esquina y, si nos alcanzaba el cambio, comprábamos un chicle de bolita; o enloquecíamos con el nuevo éxito radiofónico que los locutores programaban en la radio, y que no podíamos grabar como queríamos en el casete del tocadiscos, porque hablaban encima de la entrada o salida de la pieza musical… y había que esperarla otra vez. Ése es el “efecto Roma”.

Y es Alfonso Cuarón, el galardonado cineasta mexicano, el responsable de esta tarea involuntaria, y quien nos habla de la película que, sin lugar a dudas, llega para tomar un lugar en el corazón, aunque sea pequeñito, por lo significativo de su narrativa y de su intención de recordar, de escudriñar, de reactivar.


“Es un filme autobiográfico, de una época de muchos cambios en mi familia, y creo que el 90 % de las escenas salieron de mi memoria. Filmamos en los lugares donde sucedieron las cosas. Conseguí más de un 70 % de la mueblería en casas de distintos familiares alrededor de México. Los Cuarón estamos ahí. Hice audiciones a actores lo más parecidos posible a los personajes reales; incluso hay varios que no son actores profesionales y el personaje principal es Cleo, realizado magistralmente por Yalitza Aparicio, que en la vida real es Libo, ¡mi Libo querida! Ella es la chica encargada de las labores domésticas que termina siendo parte de la familia y se vuelve muy apegada a nosotros y a lo que sucede a nuestro alrededor. Y el otro personaje, femenino y muy decidido, es Sofía, que es la representación de mi madre. Así es Roma, así llegó a mí y así se quedó”, anota Alfonso en entrevista, en medio de su apretadísima agenda que lo ha llevado por Europa, Estados Unidos y ahora, México, a presentar su peli.



Filmada en blanco y negro y con crédito de autoría textual y de fotografía para el mismo director, esta película gira en torno al hogar de una familia de clase media en la Colonia Roma en la década de 1970. Comienza con la cubetas de agua de la muchacha de la casa, que está en las diligencias propias de su oficio. La música te encapsula en la atmósfera creada por el mexicano y poco a poco, como si fuera en capas, te va mostrando las mil y una historias alrededor.

“Hay una profundidad humana en los personajes femeninos, por la figura maternal que representan, pero son vistas como mujeres, y no como madres, pues hay que abordar el tema de la sexualidad, y es lo último que a uno le gustaría hablar con su mamá, de su vida sexual. O al menos en mi caso. Cuando escribí el personaje me vi forzado a hablar con el personaje real de Cleo para entender las complejidades de su situación, del embarazo no deseado, de su novio patán, de su compromiso con el trabajo, de sus días de descanso y de cómo encajaba el sentirse atraída por ese hombre que le cambió la vida”, detalla el director de Y tu mamá también (2001), Gravity (2013) y Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004).

Este largometraje llegó a las pantallas de streaming de Netflix, y a las salas de cine que se sumaron al estreno nacional, con una avalancha de expectativa a cuestas, por el hecho de que ha sido descrito como el filme más íntimo de su autor, porque ya ganó el León de Oro en el Festival de Cine Internacional de Venecia, porque fue seleccionado como el representante de México ante los Oscars y los Goyas y porque se le ha hecho tanto barullo a su alrededor que es imposible resistirse a verla.

“Es imposible hablar de las expectativas que ha generado porque eso es ajeno a mí. Roma es mi filme, mi creación, pero no puedo controlar cómo lo ven las demás personas. Yo lo que quiero es que la vean. Es la historia de la mujer que me crió, y me parece raro decir que es mi ‘madre subrogada’ porque la verdad a mí no me acaba de encajar esa palabra, me parece extraña. Pongámoslo desde la perspectiva de que es la mayoría de los casos de empleadas domésticas que se vuelven nanas sin querer y terminan siendo segundas madres. Ellas tienen más presencia en tu vida que, a veces, tu madre biológica. Así fue mi caso”, explica el padre de Jonás Cuarón y hermano de Carlos Cuarón.

Como el Señor Antonio, el padre irresponsable de la familia, actúa Fernando Grediaga, amigo de Carlos, directivo de marketing en Universal Music México, que por su parecido con el padre de los Cuarón fue sugerido por el escritor para el papel. No es un actor profesional. Y como Fermín, el chico que traiciona sentimentalmente a Cleo, aparece Jorge Antonio Romero, quien hace un desnudo frontal y muestra sus habilidades en las artes marciales (por cierto, después de este filme llegó a ser el cadete Tello en Luis Miguel, La Serie).

Yo, a mis diez años: Tratar de entender, sin explicación alguna, el fetiche por el olor a tierra mojada. Memorizar y guardar palabras de mi madre y de mi abuela, que solo ellas decían. Jugar con los amigos al fut en la privada. Salir a poner en las corrientes de agua que se hacían en la calle, los barquitos de papel que hacíamos mi tío y yo. Disfrutar del ritmo de Take on Me, de A-Ha, y tratar de descubrir la identidad y los pormenores de los autores de Nada personal y Aire. Sintonizar El hombre nuclear, Profesión peligro y La mujer biónica. Buscar chicles motita en la tiendita de la esquina. Esperar mi turno para jugar Atari con mi hermano y mis primos. Acompañar a mi hermana a comprar el pan. ¡Ay, aquellos ayeres! Ese es el “Efecto Roma” en mí. ¿Y en ti?

Por Max Emilio Bassarelli


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