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El rey ha muerto, ¡viva el arte!

El palacio de Versalles, en París, celebra diez ediciones de exposiciones de arte contemporáneo, donde se han desarrollado polémicos diálogos entre el poder, el hedonismo, los parámetros estéticos y los espacios sociales a través del tiempo...

Ampliación tras ampliación, el Palacio de Versalles pasó de ser una zona forestal pantanosa donde se buscaban trofeos de caza a uno de los símbolos más reconocidos de la opulencia monárquica en el mundo.  Su historia está ligada, principalmente, al poder que ejercieron Luis XIV y sus sucesores. 

Han pasado casi cuatro siglos desde que empezó su primera etapa de construcción y hoy el impresionante recinto diseñado sobre más de 800 hectáreas en la periferia parisina y que recibe alrededor de siete millones de visitantes al año, tiene una nueva vocación. Desde 2008 se inició un programa de exposiciones temporales con algunos de los representantes del arte contemporáneo más importantes del mundo.

El primero en llegar hasta los jardines de Versalles fue uno de los auténticos reyes contemporáneos de las ventas: Jeff Koons, quien expuso algunas de sus obras más famosas en el Castillo y los jardines de este tesoro nacional de Francia.

Conejo (1986), una de sus prototípicas esculturas de acero, se posó sobre un pedestal de mármol en el Salón de la Abundancia, un lugar en que Luis XIV se preparaba para mostrar su gabinete de curiosidades congregado en el salón de juegos. Mientras tanto, su perro Globo (Magenta) hizo lo propio en el Salón de Hércules, que debe su nombre a la gran pintura en la bóveda del techo sobre la apoteosis de Hércules. Para algunos, la llegada de la obra del multimillonario artista fue un ultraje a la memoria de una reliquia nacional, mientras que para otros fue el espejo perfecto de la complacencia barroca, el kitsch y el espectáculo derrochador que el poder puede brindar.

De hecho, en su momento, según unas declaraciones para AFP, el mismo Koons le dio este significado a su presencia en Versalles: “El barroco es el contexto ideal para resaltar la naturaleza filosófica de mi trabajo”. La filosofía de Koons ha llegado a costar la estratosférica cifra de 60 millones de dólares por obra. Su filosofía vale, literalmente oro, como los flamantes brillos del Versalles que le abrió sus puertas. María Antonieta se hizo famosa con su frase “que coman pasteles” (aunque para muchos historiadores, este dicho es sólo un mito), en referencia directa a la falta de sensibilidad de la reina al pueblo hambriento, la muestra de Koons se tituló Déjenlos ver Kitsch.

Para celebrar la exposición número diez del proyecto, se presenta Voyage d ‘ Hiver. Con esta muestra la dinámica del proyecto de arte contemporáneo en el Palacio de Versalles dio un giro radical. 

Alberga la mirada de 17 artistas que presentan diversas obras dispuestas en los jardines del recinto, como es el caso de Sheila Hicks, Margarita Humeau, Cameron Jamie, Mark Manders, Céline Minard, Anita Molinero, Rick Owens, Dominique Petitgand, Ugo Rondinone y Tomás Saraceno, entre otros.

 El significado histórico y mitológico de cada espacio de las arboledas de Versalles es dilucidado por cada uno de los artistas en un viaje condimentado por diferentes medios como escultura, instalaciones sonoras y pintura. 

 


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