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¡Ese beso!

Este es Beto... Cuevas, por supuesto. Lo del beso es otra historia. No es la primera vez que juntos celebramos un aniversario de GLOW! Años de amistad, Confianza, Cariño, Distancia, Reencuentros. Nos conocemos desde chiquillos cuando ambos comenzábamos nuestras carreras. Hablar con él es como un beso para el alma (por ahora). Gracias, amigo, por tu franqueza, Por tu entusiasmo, por tu música Y por ser nuestra fuerza interior mientras permites que Mariana Carrillo te acompañe con su dulzura.

GLOW!: Betito, antes que otra cosa: ¿cómo está tu gente en Chile?

BETO: Mi familia está bien, afortunadamente, pero el país está golpeado por el “basta” que le puso el pueblo chileno al gobierno.

GLOW!: Está sucediendo en muchos lados… Ahora que nos reunimos en el hotel Presidente Intercontinental, aquí en Polanco, recordé que la última vez que vine aquí fue para ver a Miguel Bosé. Él halagaba a los artistas con quienes había estado trabajando y le dije: “Uno tiene lo que se merece”. Y él, ya sabes, con sabiduría y seguridad me corrigió: “Para mí, uno tiene lo que se le parece”. Somos  muchísimos manifestando que queremos respeto, libertad, vivir en paz… ¿Tenemos lo que se nos parece?

BETO: Bueno, es una manera interesante de ver las cosas. Ojalá te tuviera una respuesta certera. Pienso que en algún momento habrá que hacer una especie
de tregua, sentarse y realmente dar respuestas que sean satisfactorias para las personas que están pidiendo y demandando ese cambio.

GLOW!: ¿Qué opinas de llamarle diálogo a esa tregua?¿Crees que como humanidad, alejándonos del tema político, nos estamos permitiendo el lujo de dialogar así como lo estamos haciendo tú y yo hoy?

BETO: Podría ser… Pienso que hay una tremenda falta de empatía entre las personas en la actualidad. 

GLOW!: Coincido cien por ciento. Falta de empatía y exceso de generalizaciones severas.

BETO: Sí, por eso hablo de una tregua para tratar de calmar los ánimos y entrar justamente en ese diálogo que propones para llegar a acuerdos. No vamos a llegar a ningún acuerdo quemando inmuebles, rompiendo cosas porque la respuesta de eso va a ser violenta y las autoridades tienen armas de fuego y realmente puede morir mucha gente. Ese es mi miedo, pero, por otro lado, y esto es un poco ambiguo de mi parte, también entiendo que se necesitan manifestaciones contundentes para que las autoridades escuchen… Espero que pronto llegue la paz, pero la paz tiene que ver también con el respeto y el equilibrio para que todos podamos tener un mejor pasar por este mundo.

GLOW!: Y creo que ahí es donde, como humanidad, como mundo, la estamos regando porque no estamos equilibrados ni equilibrando. ¡Justo esta edición hace mucho énfasis en eso! La palabra Tiferet, en hebreo, significa la belleza real. No la guapura, sino la belleza del alma, ese equilibrio entre nuestra parte más bondadosa y nuestra parte más justa porque cuando no exigimos justicia, es decir, respeto, nos desbalanceamos. Humildad es el resultado de ese equilibrio. Entiendo que la humildad también exige darnos nuestro lugar. Eso quiere decir que al otro le ofrecemos exactamente lo mismo.

 

BETO: Hay una falta de humildad muy grande. La necesitamos para lograr la paz. Quizás es utópico lo que digo…

GLOW!: … Espera… ¿Acaso no es una utopía el principio para poner en marcha un sueño, un objetivo?

BETO: ¡Sí, sí! Aunque parezca irreal, sí, absolutamente. De ahí parte todo: de ideas, del arte, de la imaginación, de lo “increíble”. ¿Acaso no estamos viviendo realidades que hace décadas solamente pertenecían a la ficción? Tenemos que saber adaptarnos al cambio, pero entendiendo que, en principio, el cambio debe nacer en cada uno de nosotros. 

GLOW!: Con base en eso, ahí te va otra: ¿la tecnología nos está cambiando a nosotros o estamos, la gran mayoría, permitiendo que eso que nos rodea nos haga cambiar, nos manipule, nos encierre?

BETO: Tenemos la opción de darnos cuenta de cómo interactuamos con la tecnología, con nuestro teléfono, por ejemplo. Podemos dejarlo, apagarlo y  darle importancia a quien está frente a nosotros. Como tú y yo, ahora mismo. ¡No todo tiene que ser inmediato!

GLOW!: Yo recuerdo la ilusión que sentía cuando conocía a alguien en un café en México, y hasta que llegara a casa sabía si me había marcado por teléfono (mismo que escribía en una servilleta) para invitarme a salir. Vivíamos con esa capacidad de espera y de paciencia…

BETO:… ¡Y había lugares de encuentro! Nos veíamos las caras. Nos conocíamos frente a frente.

DE FRENTE. SIEMPRE DE FRENTE

GLOW!: Así te conocí yo, a mediados de los años noventa, justo cuando llegabas a este país. No fue en un café, pero nos presentaron. Nos vimos las caras. Nos estrechamos las manos. Luego nos tocó trabajar juntos (bueno, medio trabajar. Risas) porque lo que tú y yo hacemos nace de las ganas, por lo que a veces parece no ser un tema laboral, ¿cierto?

BETO: Totalmente.

GLOW!: Ese chavo que yo conocí: ilusionado, alegre, llego de energía… Sigues siendo el mismo para mí.

BETO: El niño interno que nunca muere… Pero no. Creo que cada día soy más consciente, un tanto más maduro, sobre todo cuando uno se da cuenta de cómo tiene que reaccionar ante ciertas situaciones y cómo de repente eso puede afectar a otros. Me importa ser amable con la gente porque me gusta que esta sea amable conmigo. Aunque confieso que, de repente, cuando estoy con personas más cercanas, no siempre soy así, justo con quienes más confianza tengo.

GLOW!: Quizá porque damos mucho por hecho, ¿no?

BETO:¡Exacto! Cuando das cosas por hecho puedes hablar de manera un poco más golpeada, o cuando estás con un problema en la cabeza puedes tardar en contestar. Pero entonces te empiezas a dar cuenta y comienzas a hacer algunos ajustes porque es más fácil ser amable con una persona a la que no ves todos los días…

GLOW!: …Con la que no tienes la confianza para dejarte ir.

BETO: ¡Exacto! He trabajado, y lo sigo haciendo, para ser siempre (y mucho más) considerado con los demás. Tratar de escapar del ego, porque finalmente cuando uno se enoja y reacciona de esa manera, es el ego el que está respondiendo.

GLOW!: Es un aprendizaje también, y no me dejes mentir, que te ha dado la vida. Has pasado, en tu vida personal y en tu vida artística, por extremos, desde tu llegada a México con la pérdida de Andrés (Bobe), que en paz descanse, por lo que tú te convertiste en el líder de La Ley, justo cuando comenzaban a internacionalizarse. Hubo una separación aquí, una reconciliación acá… Fiestas, fama… Y eras muy jovencito. La vida nos da la lección, pero depende de uno si aprende de ella o no.

BETO: Sí. Por eso es importante cometer errores, contrario a lo que se piensa,
¿no? No vamos a aprender nada, ni
vamos a crecer ni a progresar sin fallar,
sin tropezarnos. Lo importante es reflexionar después de esos errores y hacer un mea culpa

GLOW!: Honestamente, ¿te es fácil reconocer tus errores?

BETO: En general, sí. Antes me costaba. Pero hoy en día, después de un altercado, una discusión fuerte, yo mismo hago mi mea culpa y, por lo general, no tengo ningún problema en pedir perdón. De hecho, lo hago siempre con mis hijos, con mi ex, que es mi mánager… Somos bien apasionados los dos y discutimos como si fuésemos todavía  pareja.

GLOW!: Eso me encanta de ustedes dos, porque nunca se han separado y se siguen respetando como seres humanos.

BETO: Sí, nunca nos hemos desligado y nos queremos mucho y creo que ya aprendimos (porque ella también tiene un carácter fuerte), que cuando de repente nos mandamos a freír monos, hay que dejar pasar un rato. Nunca hemos llegado a un punto de enojo en el que nos quedemos semanas sin hablar. 

SANACIÓN COLATERAL

GLOW!: Betito, el otro día ya no me contaste lo que hace poco te sucedió y te generó un cambio radical en cuanto a tu fe.

BETO: ¡Ah, sí! Fue en Monterrey. Estábamos de gira con Jesucristo Superestrella. Se me cerró la gargante. No podía hablar, imagínate cantar. Fui con el médico, estudios, todo. Me dijeron que no se podría hacer mucho como para que yo pudiese cantar por la noche. Empezó el proceso de maquillaje, el calentamiento… El primer acto se fue con bastantes accidentes vocales. Cuando llegó el segundo acto, que tiene unas notas tremendamente altas, yo estaba detrás de unas columnas y me puse a rezar y le pedí a Dios que por favor pilotara mi voz. Lo pedí así tal cual, con mucha fe porque lo necesitaba. En mi oración decía que yo no podía hacerlo solo, que necesitaba ayuda. En corto, cuando llegó el momento de dar las notas más altas, la voz salió, sin ningún impedimento. No fue magia sino un milagro. Te lo juro. Nadie puede decirme que fue mi mente porque yo lo experimenté. Hay muchas cosas a las que no tenemos que buscarle explicación científica porque no la tiene. Es energía. Yo le llamo Dios.

GLOW!: ¿Y los milagros llegan o se provocan?

BETO: No lo sé. Lo que aprendí es que si pides con fe y corazón abierto, se te dan. Ahora, también hay que aprender a ser agradecido. 

GLOW!: Entonces pido, con toda el alma, que la vida nos siga permitiendo recorrerla juntos, como hasta ahora.

BETO: Mira que nos hemos distanciado de repente, pero terminamos siempre reuniéndonos. Es una conexión que, créeme, no es nada más de aquí y ahora. Yo siento que nos conocemos de otras vidas. Lo que me falta…. Ustedes creerán que ya le di un beso a Lina, ¡pero no! Aunque eso está por definirse…

 

Por Lina Holtzman W.


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