Quiosco

Hecho en México

La decisión con la que se describe como “un actor mexicano”, las raíces que ha echado aquí, su ejemplar carrera actoral y su hermosa familia lo hacen ciertamente nuestro. Y ojo, que su trabajo y disciplina, estamos seguros, no tardarán en convertirlo en un histrión que rebase, y por mucho, nuestras fronteras.

 

Glow!: Llegaste a México muy joven.

Alberto Guerra: Siendo niño.

Glow!: De un país, Cuba, que se caracteriza por su gran amor y su tradición en las artes, el teatro y el cine.
Alberto: Y las artes plásticas.

Glow!: Tengo la impresión de que ya traías algo contigo, ¿cómo fue tu infancia en la isla? ¿Ya sabías que te dedicarías
a la actuación?
Alberto: Sabía que acabaría en las artes, sí, pero no que sería actor. En Cuba ya actuaba siendo niño, pero mi idea era ser pintor. Hay una escuela que se llama San Alejandro en la que detectan tus inclinaciones en el arte y yo dibujaba todo el tiempo. Mi papá es escritor y mi mamá trabajó toda su vida con artistas plásticos. Cuando empezaba la primaria se acercó a mi escuela una compañía de teatro infantil. Para
los 13 años, en 1994, cuando vine a México, ya había representado muchísimas obras.

Glow!: ¿Te costó trabajo adaptarte?
Alberto: El 94 fue un año cabrón en México. Había una sensación de inseguridad. Acababa de ocurrir lo de Colosio. Yo venía de un pueblo tranquilo donde podías irte en la bicicleta, perderte y no pasaba de que tus papás te pusieran un “cague”. Llego aquí a la colonia Roma con el tráfico y el tamaño de la ciudad, tanta gente. Lo que me costó trabajo fue entender que ya no tenía esa libertad. Lo otro que me costó trabajo fue el español mexicano. La escuela a la que llegué está en el borde entre la Roma, la Juárez y la Doctores y me la pasaba todo el tiempo en Tepito. Yo era la novedad por ser extranjero y eso despierta pasiones de las buenas y de las malas. Creo que me agarré a golpes todos los días el primer año que llegué (ríe).

Glow!: ¿Y qué fue lo primero que hiciste aquí como actor ya formado?
Alberto: Bueno, antes que otra cosa, cuando decidí que me quedaría aquí, me compré un carro para recorrer todo México; me eché siete meses. Al regresar me senté a definir qué quería hacer. Participé en la primera novela de Argos con Telemundo, se llamaba Cara o cruz y fue un fracaso rotundo (ríe). Pero no estuvo nada mal para ser mi primer proyecto formal. Era mi primer papel, después de haber aparecido como extra en Azteca cuando estudié con ellos. Participaban Ana de la Reguera, Chema Yazpik, Plutarco Haza, Joaquín Cosío, Pato Castillo, una generación de actores bien padre y primero nos dirigió Jorge Fons. La verdad es que entré en blandito. Tiempo después abrieron la escuela de Argos y me dieron una beca.

Glow!: Has sido testigo y protagonista de dos momentos clave en la historia de la televisión. Primero, lo que hizo Argos, que quizá fue tan novedoso que no había un público, y ahora en las series en diversas plataformas. ¿Cómo te sientes como actor al respecto?
Alberto: Me siento muy cómodo. Puede sonar a cliché, pero tengo una filosofía como la del tiburón: “Si te quedas quieto, te mueres”. Hay que estar en constante movimiento, esa es la única forma que yo entiendo de crecer. Las series llegaron a hacer eso. Aunque siguen siendo un albur, pues no se sabe cuáles serán aceptadas y cuáles no. Pero es la parte que menos me asusta. Tengo experiencia en esto que me da la certeza de que el éxito o el fracaso poco o nada tienen que ver con el actor. No somos Hollywood. No somos ese lugar donde si pones a Tom Cruise, vas a hacer 500  millones de dólares el primer fin de semana. Aquí son muchísimos los factores que influyen, incluyendo cómo se siente la sociedad en este momento. Mucha gente me preguntaba si verdaderamente quería hacer la serie de Colosio, pero yo estaba decidido a hacerla. Y hoy me siento muy orgulloso de ese trabajo.  

Glow!: ¿Y hay otro proyecto del que quiero que nos hables: El señor de los cielos y el personaje del Chema. Te confieso que cuando me enteré de que el actor que lo interpretaba anunció que lo dejaba, me dije: “Mis respetos al que le entre”. ¡Y fuiste tú!
Alberto: Yo no pensaba entrarle. Estaba haciendo justo Ingobernable 2. Mi mujer fue la que me dijo: “Oye, güey, ¿sabes en lo que te estás metiendo?” (ríe). Pero lo hice. Me planteé, salvando las diferencias, cómo han sido las películas de superhéroes. Si ha habido ocho o no sé cuantos Batman, bueno, no vi ningún problema en hacer al Chema. Hoy como sabes, ya no te enteras de las reacciones del público en el teatro, sino en las redes sociales. ¡Y me llovió durísimo! Lo entiendes, el público está en su derecho, pero poco a poco fue evolucionando y los comentarios cambiaron. A lo largo de un año, la gente ya no me menciona a Mauricio (Ochmann), a quien, por cierto, quiero muchísimo y considero un gran actor y un tipazo.

Glow!: ¿Y en qué proyectos podremos verte próximamente?
Alberto: Hice uno en Chile con una casa productora que se llama Fábula, que ganó un Óscar en 2019 con Una mujer fantástica. Me habló Lucía Kapow, una productora argentina con la que había trabajado en Ingobernable 2. En su carrera uno encuentra gente a la que le dice “sí”, antes de leer el guion. Lucía es una de ellas. Eso es lo que viene y estoy muy emocionado. 

Por Jorge Mendoza Toraya


Publicación más antigua Publicación más reciente





#KeepGlowingOn

¡Síguenos en Instagram!


GLOW! TV

¡Está de regreso!
Déjanos inspirarte desde la mirada hasta el alma...
Conduce: Lina Holtzman Warszawsky

Síguenos en YouTube