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Jorge Drexler rompe el hielo

A este cantautor no se le entrevista; con él se charla, como si de alguien a quien se conoce de años se tratara. Así de cálida es su conversación, un derroche de filosofía y poesía; se presenta hoy en el Teatro Metropólitan

Aunque estudió medicina (es otorrinolaringólogo) por tradición familiar, su camino a la música pareciera haber estado marcado desde siempre. Tuvo su primera guitarra a una edad muy temprana y comenzó cantando en una sinagoga. Hoy, con 25 años de carrera, el uruguayo está presentando su disco número 13, Salvavidas de hielo. Esto le dijo a Glow! sobre su nuevo viaje poético y sonoro.

GLOW!: ¿Qué momento de tu vida marca este disco?

Jorge Drexler: Es difícil decirlo porque lo acabo de hacer. Cuando grabo un disco, demora un tiempo antes de ver de qué hablo. No sé si será la edad... He decidido tomar las riendas de los aspectos materiales de mi trabajo. He cambiado de management  y he asumido la difusión de mis discos a través de las redes sociales. Una forma directa de trabajar con la discográfica. Creo que es un momento de conciencia del mundo material, de la importancia que es tomarse a uno mismo en serio... elementos relacionados con tu trabajo que no son directamente artísticos, pero que influyen en tu ética laboral. Hoy me pregunto, por ejemplo, ¿cuánto vale una entrada a un concierto? Tener una relación más directa con la audiencia es algo que te permiten las redes sociales.Estos son los aspectos novedosos de mi vida en lo material, pero, por lo demás, este disco refleja un año muy bueno de mi trabajo creativo. Es la primera vez que me tomo un año entero para, con mucha tranquilidad y con una rutina y una secuencia de trabajo, hacer un disco. Es la primera vez que no tengo canciones de discos anteriores. En todos los discos, siempre había alguna canción que no había quedado resuelta o que se quedó guardada. Estoy muy contento, este disco refleja un periodo más o menos estable.

Retrato del artista

En 2005, "Al otro lado del río" ganó el Oscar a “mejor canción original” por la película Diarios de motocicleta. Los organizadores decidieron que Drexler no la cantara en el escenario como se hace con todas las composiciones nominadas (lo hicieron Antonio Banderas y Carlos Santana) porque no era “lo suficientemente famoso” en Estados Unidos. Al recibir la estatuilla, de manos de Prince, Drexler tomó el micrófono para interpretar a capella un fragmento de la pieza. Ese momento es un retrato fiel del cantautor uruguayo, un artista prodigioso que navega entre la música folk y el rock con aliños de jazz y músicas tradicionales.  

GLOW!: Eres un cantautor con un público muy bien enterado, sensible, exigente, pero al mismo tiempo eres un hombre que conoce la fama mundial, si recordamos que eres el ganador de un Óscar. ¿Cómo medias ese impulso que trae la fama?

Drexler: La fama es un efecto secundario de un reconocimiento. El reconocimiento me alegra, uno busca aprobación de lo que hace. Como dices, uno de mis orgullos más grandes es mi público, un público inteligente, sensible, que entiende mis canciones mejor que yo... No es cualquier tipo de reconocimiento, nunca he tenido un hit radial, mis proyectos han transcurrido por carreteras diferentes de las habituales, algunas muy notorias como un premio cultural, como el Óscar o como un  Goya, que son galardones de cine, pero en general han pasado muy de boca en boca, últimamente de blog en blog... Siempre fui un pésimo vendedor de discos, nunca dependí de las ventas de discos para vivir y nunca fue ese mi camino principal. Esto no quiere decir que mis canciones no se hayan difundido, pero nunca fue a través de grandes procesos mediáticos.

La fama realmente no me interesa. Hay lugares donde soy más conocido, en Uruguay, el Río de la Plata, algún lugar de España, cuando salgo a la calle y la gente me dice algo, pero siempre son cosas lindas. Siempre creo que uno es responsable de lo que la gente piensa de uno. Si uno no quiere que lo traten como estrella la gente acaba no tratándolo como estrella. Yo no quiero eso, me gusta mucho la gente, me gusta sentarme en una mesa a hablar con un amigo, me interesa conversar con alguien que me para en la calle de manera humana, no me interesa ser interrumpido por algo circunstancial. Creo que es un derecho humano poder sentarse en un bar de la ciudad natal y tomar un café mirando por la ventana. No estoy dispuesto a renunciar a eso. 

GLOW!: Volviendo al disco, ¿qué disfrutaste y qué sufriste al elegir las canciones?

Drexler: El proceso de composición fue un periodo extendido y alegre. Yo no usaría el verbo “disfrutar” para el proceso de composición, porque estoy bastante concentrado, obsesionado, un poco absorbido por ese proceso. Me cuesta mucho leer, me cuesta mucho perder el tiempo, estar sin hacer nada, porque la cabeza se queda componiendo todo el tiempo. Un año de composición son 365 días de 24 horas de composición. Hasta que no cierro el disco, la cabeza no para de vibrar, hay siempre un motor compositivo. Ahora ya me he tranquilizado, he podido agarrar una novela y leerla, he podido sentarme en el suelo con mis hijos más tranquilo que antes. Es un periodo que es difícil ser padre, es difícil ser pareja, estar sereno con uno mismo. Lo consigo, pero tengo que hacer un esfuerzo. .

GLOW!: ¿Cómo concebiste la canción “Movimiento“? Es todo un manifiesto.

Drexler: Surgió de un movimiento, de un brote, de una charla que di hace unos meses en Vancouver sobre las migraciones y sobre el carácter complejo de la poesía y la música. La charla alimentaba la canción y la canción alimentaba la charla. Es una pieza importante para mí... con ella abre el disco. Es importante para mí respecto a México, en mi relación con México. Ir a grabar en México era importante porque el país encarna uno de los puntos álgidos en la tragedia migratoria. Está en el ojo del huracán migratorio, abres un puente entre dos mundos, entre Estados Unidos y Centroamérica.

Por Jorge Mendoza Toraya

 


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