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Jorge Viladoms "El pianista"

Durante su infancia en Durango, México, Jorge Viladoms se dedicaba a jugar fútbol y ver caricaturas; nunca pensó que se dedicaría al piano, pero en su adolescencia, la muerte de su padre y un viaje a Suiza cambiarían su manera de ver la vida y el tiempo…

Hoy, es uno de los mayores intérpretes de música clásica en el mundo, además de activo filántropo y embajador de la casa relojera Jaeger-LeCoultre.

Ganador del Gran Premio Marguerite Meister en Zurich (2010), además de concursos a nivel mundial como el Kiefer Hablitzel en Berna (2011), Viladoms ostenta los títulos de Master of Arts in Performance y un Master en Pedagogía Musical. Dirige la fundación Crescendo con la Música y es profesor titular del Conservatorio de Lausanne —la persona más joven en ocupar esa cátedra a la fecha—.

Glow!: ¿En tu infancia había tiempo para el piano o la música?

Jorge Viladoms: No hubo piano en mi infancia; el piano era sólo un mueble que estaba en mi casa; tenía fotos, esculturas y polvo arriba. Luego nos mudamos a Puebla y fue ahí donde falleció mi padre y, después de mucha reflexión, de muchos cambios y de muchas transformaciones, nos cuestionamos “¿qué hacemos con el piano?”. O lo empezaba a tocar o lo vendíamos, entonces decidí tocar.

Glow: ¿Alguien en tu familia tocaba el piano?

Jorge: Mi papá tocó cuando estaba chiquito, pero nada serio.

Glow: ¿Cómo pasaste de ese deseo de ser ingeniero a decidir dedicar una vida al piano? 

Jorge: Después de la prepa planeaba ir a Europa a pasear, y luego regresar a estudiar ingeniería en la UDLA, donde ya tenía una beca. En ese entonces mi hermano estaba trabajando en Lausanne, Suiza, y me fui con él. Vendía helados italianos para poder ganar un poco de dinero y así poder viajar. Por azares del destino, un amigo de mi hermano que era chelista en el Conservatorio de Lausanne, supo que yo tocaba el piano y un día me llevó al Conservatorio, donde ahora doy clases. He tenido mucha suerte por haber empezado tan tarde y aún así poder vivir de la música.

Glow: ¿Por qué escogiste para tu fundación el nombre Crescendo con la Música?

Jorge: Porque los niños estudian música desde chiquitos, fortalecen el hemisferio práctico y el hemisferio sentimental. Haces muchas conexiones porque tocar es algo muy mecánico; estás exprimiendo las palabras de tu alma con algo muy mecánico y estos dos hemisferios entran en juego todo el tiempo. ¿Qué pasa cuando tienes un problema afuera de la escuela o un problema familiar? Tu cerebro va ahora a emplear otras partes que antes no utilizaba para resolver un problema; ahora tendrás una visión más amplia de ese problema.

Glow: ¿Por qué aceptaste ser embajador de Jaeger-LeCoultre?

Jorge: Porque el piano es arte, así como la alta relojería, y de eso me di cuenta desde que llegué a Suiza, a los 18 años de edad. De verdad, la alta relojería está escrita en el patrimonio de ese país: en las revistas, las vitrinas, las noticias; todo el mundo sabe de relojes y es algo que se siente mucho en Suiza.


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