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Kubrik, ambientado por mexicanos

En unos días concluye ese periodo durante el cual, desde el 1 de diciembre de 2016 la galería de la Cineteca Nacional albergó de manera singular el proceso creativo de Kubrik. 

En unos días concluye ese periodo durante el cual, desde el 1 de diciembre de 2016 la galería de la Cineteca Nacional albergó de manera singular el proceso creativo de Kubrik. Pero no se trató de una exhibición convencional, en términos de museografía, si bien así logró presentarse en ciudades como Ámsterdam, Seúl, París, Monterrey, Toronto y San Francisco.

Aunque ya estaba pactado el préstamo de casi 900 objetos –extraídos de los archivos personales de quien se considera unos de los cineastas emblemáticos de la cinematografía mundial– con el Deutsches Filmmuseum Frankfurt am Main, Christiane Kubrick, Jan Harlan y The Stanley Kubrick Archive de la University of the Arts London, existía libertad para hacer la propuesta del montaje, en estrecha colaboración con sus custodios, Hans Peter Reichmann y Tim Heptner.

 

 

Alejandro Pelayo, director de la Cineteca Nacional, invitó entonces al cinéfilo Juan Antonio Valdés Peña y al musicólogo –y aficionado experto en Kubrick– Juan Antonio Brennan, como co-curadores mexicanos, así como a Ezra Buenrostro, como responsable de la museografía, quienes por principio armaron un grupo de expertos, entre quienes se encontraban Sofía Arévalo y Renato Camarillo Duque, especialistas en conservación y restauración, respaldados por todo el equipo de colaboradores de la Cineteca.

Tenían dos premisas de trabajo eje como punto de partida: la consciencia de que se montaría dentro de un complejo dedicado al cine, así como el compromiso –como institución– de contribuir a la formación de públicos. Además, Buenrostro, antes de dedicarse de lleno a la museografía, había cosechado una experiencia como realizador audiovisual.

 

 

Por tanto, se plantearon el reto de establecer una línea cronológica, con un halo distintivo: que cada sección tuviera una ambientación concebida no desde las directrices de un museo, sino del lenguaje cinematográfico. Aunque en un principio Reichmann y Heptner, e incluso Christiane Kubrick, hija de cineasta neoyorquino, se mostraron sorprendidos, fueron cediendo ante la claridad de la propuesta, que se les enviaba para su aprobación, mediante modelados computarizados que daban cuenta de todos los detalles contemplados.

Por ello, a las casi 900 piezas que llegaron después de un complejo esfuerzo económico, humano y logístico –apoyado todavía por el entonces secretario de Cultura, Rafael Tovar y de Teresa–, se añadieron otras que crearon contrapuntos dramáticos; cuidando además la disposición de las piezas y el uso de apoyos técnicos, como la luz, para lograr los impactos que esperaban. Como comentó Ezra Buenrostro en la charla Curaduría, diseño, montaje y conservación de Stanley Kubrick: la exposición, efectuada el pasado lunes 24, el diseño de iluminación no correspondió a lo apropiado dentro de un museo, sino que se trabajó como si se tratara de sets cinematográficos, por poner un ejemplo.

En paralelo a este diálogo México-alemán, Arévalo y Camarillo recibieron los numerosos contenedores y se dispusieron a hacer un levantamiento pormenorizado de cada objeto recibido y el estado físico de los mismos. Es decir: si los documentos u objetos estaban amarillentos o no, si presentaban algún desgaste, si una prenda estaba descocida, etc. Esto significó tener, al final de este proceso, casi 900 actas levantadas, como prueba de los seguros contratados y de la responsabilidad que la Cineteca Nacional adquiría como su custodia provisional.

Trascendidos los aspectos de registro y autorizaciones, se pasó al montaje físico, que incluyó la realización de piezas visuales y un detallado muestrario de la música que influyó o se integró al universo Kubric, así como la constitución de una oferta educativa complementaria, que contempló charlas, trivias, participaciones especiales en medios, así como la realización de un concierto didáctico en Bellas Artes, que tuvo un gran éxito. Cabe decir que este se repetirá en octubre, durante la realización del Festival Internacional Cervantino, en dos sedes: la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato, y de nueva cuenta en el Palacio de Bellas Artes.

 

 

El recorrido museográfico, que desde un inicio contó con el apoyo de Warner Bros. Entertainment Inc., Sony-Columbia Pictures Industries Inc., Metro Goldwyn Mayer Studios Inc., Universal Studios Inc. y SK Film Archives LLCla, permite a los visitantes admirar guiones con apuntes a mano de Stanley Kubric, utilería original de los filmes, maquetas, equipo fotográfico, bocetos de vestuario con muestra de telas y formas de aprobación, planes de producción y más, repartidos en 16 núcleos que abarcan la vida y obra del realizador, desde sus primeros pasos como fotógrafo para la célebre revista Look, pasando por cada uno de sus largometrajes en orden cronológico (desde Miedo y deseo hasta Ojos bien cerrados), con un espacio especial para los proyectos fílmicos que no llegaron a cristalizarse.

Por otro lado, y como dato curioso, vale la pena contar que la exposición internacional surgió de un encuentro casi casual de Jan Harlan con la hija de Kubrick, al descubrir que en la casa familiar se conservaba toda esta cantidad de objetos originales, que fue acumulando Kubrick a lo largo de su carrera y que daban cuenta pormenorizada de su proceso creativo. Algo que no siempre ocurre porque, como comentó Sofía Arévalo, muchos creadores trabajan un guión o un boceto y no llegan a apreciarlo como un registro patrimonial sino como “algo que ya no sirve” y simplemente no lo guardan.

 

 

Otro punto de interés en torno a este montaje mexicano, que recibió aplausos de parte de las contrapartes creativas e institucionales, fue el impacto que logró en las nuevas generaciones. Fue tal la curiosidad que al salir de la muestra adquirían en la tienda de la Cineteca carteles, DVD’s, o bien, boletos para la exhibición de sus películas, programada en las salas de este recinto cultural.

Si aún no te has dado la oportunidad de ir… ¿qué esperas? Aún tienes algunos días para apreciar esta exposición y valorarla igual o más que sus custodios originales.


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