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Del Toro, del genio y la maestría

Guillermo del Toro, quien acaba de ganar el Golden Globe como mejor director y es un fuerte candidato al Oscar. En su filme, el tapatío le da forma al agua, sentido a la locura y razón a lo que parecería ilógico

Guillermo del Toro, quien recién ganó el Globo de Oro al mejor director por su filme La forma del agua (The shape of water) es también un fuerte contendiente a los Oscar que se celebran el próximo 4 de marzo. Sobre éste filme protagonizado por Sally Hawkins (“Eliza”), Doug Jones (la “Criatura”), Michael Shannon (“Coronel Strickland), Octavia Spencer (“Zelda”) y Richard Jenkins (“Giles”) charlamos en exclusiva con él.

 

 “Mi película viene de una angustia y de una necesidad de hablar de todo, y de sentirnos identificados en un mundo en el que cada vez más nos desconecta y nos hace sentir ajenos por el eterno deseo del ser humano de encontrar su propia identidad con base en diferencias ¿por qué? Por la princesa que no es la pobre, pero tiene un puesto que muchos consideran miserable, y porque arguye un plan eficaz para rescatar a su objeto amoroso. ¿Por qué? Porque es el romance entre un monstruo, o mejor dicho, un hombre pez, que provoca repudio ante el ser humano, como muchos seres humanos que no entran en el estándar de la belleza o dignidad visual. ¿Por qué? Tiene muchos por qué y muchos porqués”.

Eliza es una mujer muda, ya madura, que en medio del tedio de su rutina como asistente de limpieza en una dependencia gubernamental, en Estados Unidos, descubre a una criatura única que está siendo víctima de un experimento y decide salvarla, sin anticipar que se enamorará de ella. Es un cuento de hadas moderno, sin hada y sin cronología apropiada. Funciona en cualquier época.

 

 

“Mi princesa es una mujer real, que se desnuda, que tiene defectos y una belleza única, es una princesa que se masturba, que coge con su príncipe, y va con el acto de ‘fabular’ que tiene el mexicano. Es muy nuestro tener una fantasía acoplada a otra historia, y mi historia es muy real. Es una interpretación de cada quien, es abrazar a la sociedad como es y no como quisiéramos que fuera, es aceptar nuestra misión y nuestra vida porque algo muy básico es que es una mujer mucho más lista de lo que su puesto le da, y se vuelve creativa por amor”. La historia está ambientada en 1962, cuando Estados Unidos cristaliza su idealismo de ‘Make America Great Again’, pero no prospera por las diferencias que impone.

 

Nominado al Oscar por su guión de El Laberinto del Fauno, y ganador del León de Oro por La forma del agua, en el Festival de Cine Internacional de Venecia, reflexiona sobre lo que hoy en día está de moda: hablar de política y clases sociales. “Se trata de que haya una empatía en todos los sentidos, es una historia que abraza y acepta, y nos acepta como somos. Hay un tema de homosexualidad, de amor, de romance, de idealismo, y todo se resume a vivamos. Creo que la principal moraleja, si así lo queremos llamar, es que entre más diferencias y requisitos buscamos, más infelices somos”.

En tiempos de crítica encarnizada hacia la corrupción, del descontento del pueblo en México y en el mundo, de solidaridad entre connacionales por las consecuencias del sismo del pasado 19 de septiembre, y de incertidumbre por las elecciones que se avecinan, Del Toro apela al no proselitismo y sí a la humanidad. “Si vives atado a tu nacionalismo, a tu humanidad racial, en algún momento te das cuenta que tú mismo te segregas… en las guerras hay dolor, hay egoísmo. Hay que ser y estar orgullosos de lo que somos, pero no despreciar a otros por no ser iguales. Hay que aceptarnos y avanzar”, concluye.

 

POR MAX EMILIO BASSARELLI

 

 


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