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Complejamente sencilla: Meryl Streep

A sus 68 años, la actriz goza del privilegio de elegir sus personajes en cine por el simple gusto de hacerlo y no por el hecho de tener trabajo; este año se dejará ver en The post, Mamma Mia y Mary Poppins

Meryl Streep casi siempre es tema de conversación, pero ella se mantiene fiel a su escaso acercamiento con los medios de comunicación, de tal suerte que tenerla sentada en la misma mesa es, además de un privilegio y una gran suerte, un verdadero gusto y placer.

Hablar de ella no es tarea fácil. No hay preámbulo que alcance para presentarla ni elogio suficiente para describirla. Es Meryl Streep y punto.

Su vida está compuesta de elementos similares a los del teatro: tiene introducción, esquema, desarrollo de la historia, intermedio, clímax, alzado y caída del telón, así como algunos claroscuros bajo el reflector.

“Así ha sido tanto mi vida personal como profesional. A  veces el público está satisfecho y a veces no, a veces el director está sonriente y otras se sumerge en sus propias ideas. He tenido altas y bajas, pero mi constante ha sido creer en mí antes que en cualquier otra persona y en mis papeles como el método para buscar una verdad, momentánea o eterna, pero jamás desterrable”, platica la actriz en entrevista exclusiva en una suite del Mandarin Oriental Hotel de Nueva York donde se ha reunido con periodistas  de varias partes del mundo para charlar sobre sus más recientes intervenciones en la película The Post, la continuación de Mamma Mía y la nueva versión de Mary Poppins, que se estrenan este año.

A diferencia de otras celebridades que se hacen acompañar de su manager o publicista, Meryl llega sola haciendo gala de autosuficiencia en todo momento. Se quita su suéter, busca en donde acomodarlo al igual que su bolso, se sirve un café, y saluda: “Hola, soy Meryl, un gusto saludar”… Ya entrada en la charla, habla con pasión del cine y la actuación.

“Nunca estuve segura de querer ser actriz hasta que comencé a tener mucho trabajo en Yale, donde estudié Artes. Me visualizaba como historiadora o abogada y, para ser honesta, me sentía satisfecha. Me veía en una Corte defendiendo a los desposeídos siendo una fiscal muy benévola. No sé, pero pensaba que la actuación era un entretenimiento; ya con mis profesores de Yale entendí que era una responsabilidad, una obligación actoral el poder representar personajes para lograr una mejor sociedad. Y no me equivoqué, me apasiona a sobremanera hablar de mi trabajo y de la misión de mis personajes, me gusta debatir sobre la mujer que nunca supo lidiar con el dolor de sus hijas, como en August: Osage County, o como una dama que se enfrentó al sistema gubernamental con tal de publicar documentos reveladores para la sociedad, como sucede en The Post”, señala. 

EL INTERMEDIO, SU MEJOR ETAPA

Vive en Connecticut y disfruta tanto el invierno como la primavera, pues ha aprendido a darle su espacio a cada estación. Cuando neva, le gusta jugar con ella junto con sus hijos, de igual forma, adora recolectar flores de su jardín durante el verano. Su etapa predilecta del año es el otoño y es una apasionada de las novelas policiacas. Agatha Christie es la autora a la que menciona como una constante. 

“Creo que la parte que más he disfrutado de mi vida ha sido el intermedio, pues experimenté el hacer películas por el simple gusto de hacerlas sin saturar mi agenda con tal de tener trabajo y… ¡lo sigo haciendo!, así que continúo viviendo el intermedio. A veces creo que todos deberíamos vivir así”, acota la actriz de Los Puentes de Madison, África Mía, Kramer contra Kramer y La Dama de Hierro.

Con respecto a la moda, asegura que jamás ha sido particularmente fanática y que se viste como le gusta sin imposiciones de un tercero, ya que algunas veces la vistieron de manera tan extraña que optó por definir su estilo, el cual se basa en la comodidad.

“Hay que ser congruente con lo que uno siente y piensa; no estoy atada a las imposiciones de nadie… Me interesa la moda como manifestación artística, pero no como algo que me ate o me haga sentir obligada a algo”. 

Meryl Streep está consciente de que su opinión casi siempre levanta controversia. Lo bueno o malo que se diga o escriba acerca de ella no le quita el sueño, pues sólo le interesa concentrarse en el trabajo que desempeña como actriz y madre de familia.

“Poner atención a lo que no merece la pena termina en un círculo vicioso. He aprendido a no engancharme en asuntos que no me incumben y no ando leyendo o escuchando lo que se dice de mí. Hay asuntos de mayor trascendencia en los que debo ocuparme. Ya pasé desde hace muchos años por esa etapa; recuerdo que cuando estuve en la preparatoria me agobiaba mucho la reacción de la gente sobre mi desempeño como porrista (en el Bernards High School) y cuando estuve en la Universidad (en Yale) tuve que trabajar como mesera y dependienta de una tienda… Me estresaba mucho la opinión que había de mí, la que podía despertar en los clientes, en los amigos de mi familia hasta que llegó un momento en el que dije: ‘ya no’ y ese alto se volvió eterno… Es más sano vivir así, al menos para mí”. 

Con el récord de 20 candidaturas al Oscar, y tres estatuillas ganadas, Mary Louise Streep, de 68 años, celebra que el mundo se esté abriendo a los debates políticos, de acoso, de equidad de género y de igualdad de circunstancias sociales para personas con preferencias no heterosexuales. 

“Todos tenemos derechos y todos tenemos obligaciones, ¿por qué no pensar en un mundo libre en el que ejerzamos ese derecho?”, observa. “Hemos progresado en muchos aspectos, más no en el de la apertura. Sigue habiendo racismo, clasismo, grandes diferencias sociales… eso no me gusta.”. 

Con respecto a la gran variedad de personajes que ha interpretado en filmes como La Decisión de Sophie, Los Puentes de Madison, El Diablo Viste a la Moda, Florence Foster Jenkins o el de Kay Graham, su más reciente rol estelar en The Post: Los Oscuros Secretos del Pentágono, agradece a la vida este privilegio.

“Ya no estoy para complacer ni para que me complazcan, llega una edad en la que uno hace ciertos personajes porque quiere o porque simplemente es parte del destino; y yo no hago cosas que no quiero. Estoy en una posición privilegiada, pero no por eso dejo de ser ajena a lo que sucede alrededor. Me preocupa el mundo que le heredo a mi familia, me preocupa la situación política de mi país, me preocupan los malos entendidos políticos, y sí, también me ocupo de ello. Si soy figura pública y hay quien toma mi opinión en cuenta, entonces, por algo empiezo, y ése algo es hacerme escuchar. Algo que celebro es que como mujer tengo acceso a personajes fuertes, tridimensionales, llenos de recovecos y matices, porque hoy en día, o siempre, la mujer ha dominado al mundo, siempre hay una gran mujer detrás de una mujer y de un hombre, sin duda”, señala la esposa del escultor Don Gummer y madre de cuatro hijos. 

Para concluir la conversación, expresa su agrado hacia el texto que escribió sobre ella misma y que ha sido referencia en redes sociales e incluso en debates estudiantiles. “Me gusta que hagan referencia, que lo hablen, porque te alejas del ego, y te centras en tu propio bienestar estando con los tuyos”, exclama, no sin antes echarle un vistazo al citado texto que guarda en su dispositivo celular y que lee de nueva cuenta: 

Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porqué llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, envidias, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme”. Ésta soy yo, es mi esencia y así me gusta que se entienda que soy yo y quién soy yo. 

Por Max Emilio Bassarelli


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