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Mujeres, cámara, acción

Algo muy interesante (y no es nada exagerado decir que histórico) está ocurriendo en Netflix. En poco tiempo, el servicio de streaming se ha convertido en un escaparate para un sector de la industria fílmica al que, por increíble que parezca, se sigue segregando. El elevado número de películas escritas y dirigidas por mujeres habla por sí mismo. El cine, y cómo lo vemos, no volverá a ser el mismo.

 

Dee Rees
Cita con la historia

Mudbound es una película que se filmó en menos de 30 días, con un presupuesto muy restringido (nadie al verla creería que se hizo con 10 millones de dólares), cámaras digitales (era impensable gastar en celuloide) y mucho trabajo de ensayo. La adaptación de una novela homónima de Hillary Jordan es una cinta de época cruda, dramática, con la forma de una narración coral (seis personajes cuentan la historia) que puso sobre la mesa el tema del prejuicio, el odio, la injusticia y la violencia raciales, no solo en el pasado de Estados Unidos (todo ocurre a finales de la Segunda Guerra Mundial), sino de su presente.

Su directora y coguionista, una mujer que dejó el mundo corporativo de la mercadotecnia para seguir su pasión creadora, había debutado con enorme éxito con Pariah (2011), película por la cual obtuvo el premio John Cassavetes, para dirigir después Bessie (2015), película para HBO sobre la vida de la mítica cantante de blues Bessie Smith.



En su estreno en el Festival de Sundance en 2017, el público ovacionó Mudbound de pie. Las críticas fueron elogiosas. Sin embargo, ningún distribuidor parecía interesado en adquirir los derechos. Nadie parecía dispuesto a correr el riesgo. Cuando el tiempo estaba por acabarse, Netflix ofreció 12.5 millones de dólares y se encargó de programar el estreno de la cinta en su plataforma y en cines, esto para cumplir con el requisito para toda película aspirante a un Oscar. 
Lo que vino no fue sorpresivo: Dos nominaciones a los Globos de Oro, Dee Rees se convertía en la primera mujer afroestadounidense nominada al Oscar a Mejor Guion Adaptado (el cual coescribió con Virgil Williams, autor de programas como E.R. y 24), mientras que Rachel Morrison se convertía en la primera mujer nominada en la categoría de Mejor Fotografía. Mary J. Blige, toda una personalidad en el mundo del rap y el ryhtm and bues, también hizo historia al ser la primera persona nominada al mismo tiempo por su actuación y mejor canción. Para mediados de 2018, Netflix informaba que la película había acumulado 20 millones de horas de streaming.

Dee ha hecho equipo con Netflix otra vez, pero ahora con una producción original, Last Thing He Wanted, un thriller político en el que dirige a Anne Hathaway, Ben Affleck, Willem Defoe y Toby Jones, y que es uno de los filmes más esperados de este 2019.

 

Isabel Coixet
La mirada inquietante

Desde un principio logró lo que muchos directores tardan una vida en conseguir: tocarnos”, asegura Penélope Cruz al referirse al cine de Isabel Coixet (Barcelona, 1960), quien no solo dirige y escribe, pues su panorama de creación es más amplio. Estudió Historia en la Universidad de Barcelona, triunfó en la publicidad y en 2000 montó su propia casa productora. Su prestigio puede dimensionarse de varias formas, como con el número de galardones recibidos: cinco Premios Goya, cuatro Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y dos Premios José María Forqué, entre otros. En 1984 tomó la cámara y no ha dejado de filmar: 23 películas, y contando…



Su más reciente proyecto fue realizado al alimón con Netfilx. Elisa y Marcela (España, 2019) formó parte de la sección oficial a competición de la Berlinale, lo cual ha significado mucho para su creadora: “es la recompensa al esfuerzo y perseverancia de empujar este proyecto, y la oportunidad de que un público internacional conozca esta historia. El espectador va a enamorarse de Elisa y Marcela, y de las dos formidables actrices que las encarnan, Natalia de Molina y Greta Fernández”. Rodada en blanco y negro en Cataluña y Galicia, el filme aborda un capítulo inexplorado: el matrimonio eclesiástico, en 1901, entre dos profesoras gallegas, quienes, tras ser descubierta la identidad travestida de una de ellas, ocuparon las portadas de los diarios de todo el mundo. ¿Cómo surgió la idea? “Cuando hice la muestra sobre [el artista] John Berger (From I to J, 2009) conocí al catedrático Narciso de Gabriel, quien había investigado mucho al respecto. Desde entonces intenté hacerlo, pero me decían que no iba a interesar. Por eso la entrada de Netflix fue tan importante”.  

La película cuenta con un equipo en el que hay un buen número de mujeres: Jennifer Cox, directora de fotografía; Silvia Steinbrecht, directora artística; Mercé Paloma, diseñadora de vestuario; y Sofía Oriana, autora de la banda sonora. ¿Por qué la participación femenina es primordial para Coixet? Por congruencia. Ella  se ha mostrado reivindicativa respecto al rol de las mujeres en la industria cinematográfica y su postura incluye –obviamente– la sexualidad. Tan previsibles como inevitables, las voces en contra de los núcleos conservadores no se han hecho esperar. La crónica de Elisa y Marcela ocurrió hace 118 años y, sin embargo, algunos sectores continúan reaccionando con encono decimonónico. Todo esto forma parte del espíritu soberano y la mirada inquietante de la cineasta, quien deja que sus desertores se ahoguen en escándalos obsoletos, mientras ella zanja de tajo el posible conflicto: “el mundo es muy grande para centrarnos en cosas tan pequeñas”. Muy cierto.

 

Tamara  Jenkins
El humor libre

Ha hecho tres películas en 20 años, las cuales han bastado, sin embargo, para colocarla en un lugar de culto entre los realizadores que mediante filmes tragicómicos critican de manera demoledora los usos y costumbres de una sociedad incómoda consigo misma, que casi siempre opta ante sus fallas por un silencio pudoroso.

Slums of Beverly Hills (1998), una gema parcialmente autobiográfica, y The Savages (2008), por la que estuvo nominada a un Oscar a Mejor Guion Original, provocaron que durante mucho tiempo sus seguídores se preguntaran cuál sería y cuándo ocurriría su siguiente movimiento. La sorpresa no fue menor cuando se anunció que Private Life, una historia suya en la que dirigiría a los extraordinarios Paul Giamatti y Kathryn Hahn estaba en camino, de la mano de Netflix.


El tema no es uno del que se hable demasiado: la fertilidad asistida en una pareja de intelectuales neoyorquinos cuarentones. Con base en su experiencia propia en esas lides junto a su esposo, el también guionista Jim Taylor (Sideways), el resultado es un filme muy inteligente y profundo, repleto de momentos y frases memorables (“No pondré una parte del cuerpo de otra persona en mi útero”, dice ella).

En medio de la discusión (muchas veces francamente superflua) de qué tanto conserva o no su esencia el llamado cine independiente cuando su medio de distribución principal es una plataforma de streaming, en el caso de Jenkins algo queda bien claro: su espíritu es más libre que nunca. “Confío en que no pase otra década antes del siguiente proyecto”, gusta de repetir en estos días. También nosotros confiamos en ello.

 


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