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¿Quién le teme a Donald Trump?

La contienda entre la candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump estuvo plagada de acusaciones, declaraciones irreverentes (especialmente por parte del republicano) y falta de propuestas políticas reales.

 La mañana del 9 de noviembre Estados Unidos estremeció al mundo.

La contienda entre la candidata demócrata Hillary Clinton y el candidato republicano Donald Trump estuvo plagada de acusaciones, declaraciones irreverentes (especialmente por parte del republicano) y falta de propuestas políticas reales.

Incluso sucedió algo que hacía años no se veía en los medios nacionales. Diarios como USA Today rompieron su neutralidad política al intentar disuadir a sus lectores de otorgar su voto al empresario. Otros incluso rompieron una tradición de décadas de respaldar al candidato presidencial republicano al declarar que Trump no sería un buen presidente, como fue el caso de The Dallas Morning News, el Detroit News y el Arizona Republic.

Sin embargo, la mayor sorpresa, para muchos, llegó el día de los resultados finales. Conforme avanzaba el conteo de votos, era posible ver la expresión de sorpresa en el rostro de los conductores de televisión cada vez que Trump ganaba puntos en un estado más.

Parte de la estupefacción residió en que los mexicanos confiaban casi plenamente en que el voto latino estadounidense marcaría la diferencia y permitiría a Clinton entrar en la Casa Blanca, para así convertirse en la primera mujer presidente del vecino del norte.

Hoy sabemos bien que esto no sucedió, y ahora nos preparamos para enfrentar un nuevo liderazgo estadounidense.

Se dice fácil que Trump ganó las elecciones. Sin embargo, la aceptación ante este hecho no se recibió de la misma manera. De inmediato las redes sociales se inundaron con reacciones fatalistas y cercanas al pánico.

Además, comenzaron a rondar videos de migrantes e hijos de migrantes indocumentados, quienes incluso lloraban por temor a ser regresados a México y quedar separados de sus familiares.

Pero, ¿es realmente tan dramática la situación? Tres especialistas en el tema nos ayudan a analizarla.

 

No todo lo que brilla es oro

La periodista y presentadora de noticias en Univisión Maria Elena Salinas considera que el porvenir mexicano y de Estados Unidos podría ser difícil bajo el liderazgo de Trump.

“La situación es complicada, pero por el momento todo es especulativo. No hay ninguna garantía de que [Trump] va a cumplir todo lo que promulgó en la campaña. Ya ha quedado claro que muchas de las cosas que dijo fueron para atraer a los desencantados con el sistema”.

Un ejemplo, explica, es el muro que marcaría la división entre México y Estados Unidos que no solo sería “más grande e indestructible”, según Trump, sino cuya construcción, además, saldría de los bolsillos de los mexicanos.

“Es una idea sin lógica detrás”, considera Larry Rubin, representante del Partido Republicano en México. Y el mismo Trump lo sabe. Durante una entrevista con la CBS hace algunas semanas, el hoy presidente electo aceptó que partes de dicho muro podrían ser barras o rejas.

De acuerdo con Rubin, el partido y el mismo país “no se pueden permitir que (Trump) cumpla con todas sus promesas de campaña”, ya que dañaría su industria y desarrollo propios.

Esto aplica a la posible salida de Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (tlcan), que Trump anunció como parte de la agenda de sus primeros 100 días al frente de la Casa Blanca.

Eugenio Gómez, profesor del área de Entorno Económico de la escuela de negocios Ipade, considera que sería difícil que Estados Unidos saliera de dicho tratado porque afectaría sus propios intereses; lo que se espera realmente es una renegociación de sus términos. “A los grandes empresarios estadounidenses les interesa mantener una relación abierta con México”, explica.

Tal es el caso de varios gigantes de la industria automotriz, como Ford y General Motors, cuyas piezas son manufacturadas en México y después enviadas al norte para su ensamble y comercialización. Debido a esta cadena de producción, Gómez considera que “México es más un socio que un competidor”.

María Elena Salinas coincide, y prevé que “si se elimina el TLCAN, México podría aumentar los aranceles, cosa que no le conviene [a Estados Unidos], ya que México representa el segundo importador de productos agrícolas a su país”.

Ante esto, los tres especialistas esperan que, más que una salida, veremos una renegociación del tratado que incluso podría resultar positiva.

De acuerdo con Gómez, si el presidente electo quiere tomar decisiones radicales que afecten el sector financiero, serán los mismos empresarios quienes se reúnan con él para encontrar una negociación a favor del crecimiento de su industria. Y el efecto en México de lo que haga Estados Unidos siempre será directo. “Para bien o para mal, estamos muy conectados”, asevera Gómez.

 

Un halo de optimismo

No se debe olvidar que incluso en los momentos de incertidumbre más difíciles, algo positivo se asoma. Trump no será del todo negativo, al menos para el sector empresarial.

Recordemos que el republicano no es un político, sino un pertinaz empresario que ha generado una multimillonaria fortuna gracias a su forma de hacer las cosas (aunque a veces la sombra de la duda se cierne sobre la honestidad de sus modelos de negocio). La realidad es que no se trata de un republicano típico, por lo que no podemos esperar un conservadurismo propio de su partido.

A lo largo de su mandato “veremos mucho más del estilo confrontativo de Trump”, dice Rubin. Esto podría implicar algunos desacuerdos con su partido, por lo que deberíamos asumir que no cualquiera de sus ideas, absurda o no, pasará por la Cámara.

Lo que sí se puede esperar, agrega Rubin, es una mayor eficiencia en el manejo del gasto público estadounidense, así como un intento por desarrollar el país.

Gómez, por su parte, espera inversión en infraestructura, lo que generará empleos, entre ellos algunos orientados hacia los migrantes mexicanos. Porque si a alguien va a deportar, será a criminales y no a los buenos trabajadores, considera el académico.

 

Incertidumbre para el cambio

Los especialistas coinciden que más que temer la manera como Trump afectará a México, es necesario considerar cómo podemos cambiar para ser más fuertes ante él.

“Es momento de que los empresarios mexicanos establezcan un nuevo plan de crecimiento”, considera Rubin. El republicano recomienda que haya un mayor acercamiento entre nuestro sector empresarial y el gobierno para idear un plan de crecimiento y desarrollo en conjunto.

Incluso, valdría la pena aprovechar la representación consular que tiene nuestro país en 50 ciudades de Estados Unidos para promocionar desde allá el valor de nuestra relación comercial.

Gran parte del pánico social y comercial que se ha generado se basa en especulaciones y promesas. Aunque la incertidumbre crea nerviosismo, es necesario ser pacientes y esperar para ver qué movimientos habrá realmente bajo la nueva administración.

“No hay que preocuparse, sino ocuparse”, puntualiza Rubin.

 Por: Ximena Cassab

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