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…Y a esto le llamo yo vida

No recuerdo un momento en mi vida en el que no haya tenido una pluma en la mano y, al lado, un poco de música. De alguna manera, lo mío siempre ha sido dar la nota (en el buen sentido, porque los escándalos nunca se me han dado).

El tema es que, para ello, hay que (sí, es necesario) salirse de tono de vez en cuando. ¡Y vaya que me ha pasado! No todos tenemos una tesitura (entiéndase literal y metafóricamente) que nos permita, siempre, llegar a la nota deseada.

A ver… ¿qué hacemos cuando, aparentemente, la canción no parece ser para una y la hoja parece querer quedarse en blanco?

¡Sorpresa! ¡No tengo una epifánica solución! Y mira que (al igual que tú, asumo) me he enfrentado a esta situación una y mil veces, sobre todo actualmente; no sé si es por la edad o por los recientes acontecimientos, no nada más en el mundo sino en mi vida personal.

Lo cierto es lo siguiente, confieso: No me fue fácil sonreír plenamente mientras Lalo intentaba tomarme esta fotito, pero, eso sí, nunca solté mi pluma. Y eso es importante. Porque quizás no siempre el cuerpo reacciona como una quiere, pero “eso” que nos hace ser quienes somos, sí, me refiero al espíritu, nos salva. Por eso hay que procurarlo: cuestionarnos (aunque duela, a veces), respetarnos (¡siempre!), querernos (en grandes dosis diarias). No son palabras ni mucho menos cosas las que nos definen, sino esa capacidad que tenemos de demostrar quiénes somos sin siquiera darnos cuenta. Más que instinto de supervivencia, es para mí nuestra capacidad de hacer vida de la vida.

Entonces, y solo entonces, sabremos que, aunque no haya respuestas claras, poseemos una indestructible posibilidad (mezcla de derecho y obligación) de rescribir a la medida, nuestro siguiente capítulo.

glow.mx


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