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CODE 11.59, una nueva era en la Alta Relojería

Este año será recordado como uno muy significativo para Audemars Piguet, tras escribir un nuevo capítulo en su historia: CODE 11.59, una colección que representa para la alta relojería no sólo el nacimiento de una estrella, sino la conformación de una galaxia.

Considerar que en 1972 la haute horlogerie aceptaría el acero inoxidable como un metal de alta gama era, por decir lo menos, descabellado. Y ocurrió. El oro y el platino tuvieron que compartir créditos con este material de reciente ingreso, pero lo hicieron bajo una condición: el nuevo invitado tendría que llamarse Royal Oak y portar un noble apellido, Audemars Piguet. Trato hecho.


Han transcurrido 47 años desde aquel momento y la manufactura suiza –una de las pocas que aún conservan su independencia bajo la dirección de los descendientes de sus fundadores– cimbra de nuevo a la industria con la antología CODE 11.59, su mayor lanzamiento en los últimos cinco lustros.

MOTU PROPRIO
El nombre de esta nueva colección responde a motivos que rebasan su impacto estético. CODE remite, precisamente, a las estructuras de comunicación actuales: veloces, concretas y dinámicas; también se vincula con el acrónimo de las palabras Challenge, Own, Dare, Evolve. Los dígitos 11.59 indican el minuto previo al cambio de día, aunque metafóricamente posee otra lectura: el instante en el cual nuestras vidas cambian. Signo y significado en sí mismo, confirmación de principios y símbolo de evolución, la nomenclatura de esta línea no sólo busca atraer a una nueva generación de clientes mediante una propuesta contemporánea, de trazo limpio y potencial clásico, también subraya el savoir-faire y la supremacía técnica de la casa.


François-Henry Bennahmias, CEO de Audemars Piguet, revela que el génesis de CODE 11.59 fue parte de una acuciosa revisión de los archivos de la casa, con la intención de precisar qué se hacía antes del Royal Oak, para así desarrollar una colección que tuviera la capacidad de funcionar durante los años venideros, con un carácter atemporal y emancipado de las tendencias pasajeras. Como Bennahmias señala, se trató de una determinación motu proprio, y las expectativas son altas: “es nuestro mayor lanzamiento en los últimos 25 años y queremos que represente el 20 por ciento de nuestra producción”.

Esta ambiciosa meta no es fortuita. El Royal Oak es un hito para la empresa, tan poderoso en términos de negocio que, como advierte Bennahmias, “es casi como una segunda marca, una marca dentro de la marca”. Por ello, CODE 11.59 se ha concebido como una vía alterna, un concepto de larga duración que se demarca de las ediciones especiales, que poseen otros valores y objetivos. “No pienso que en la actualidad la industria de la relojería sea un ejemplo de innovación, comparada con otras que sí lo son”, indica el CEO, quien subraya que una marca no puede vivir de su glorioso pasado, pues para continuar vigente debe conectar con su tiempo, atraer a nuevas audiencias y capturar el espíritu de cada época. En este sentido, CODE 11.59 tiene todo para lograrlo.

HAUTE TIC-TAC

Los números no mienten: tres nuevos calibres, seis modelos y 13 referencias. Una caja de 41 milímetros preside un conjunto de líneas versátiles, elegantes y ergonómicas.

Con acabados en cepillado satinado, biselado y pulido, el oro blanco o rosa de 18 quilates de estos relojes evoca la arquitectura octagonal del Royal Oak, mientras la parte superior de las asas caladas se fusiona al bisel extradelgado, subrayando la excepcional curvatura del cristal de zafiro. La superficie interna del zafiro tiene forma de cúpula y la externa se curva verticalmente desde las 6 hasta las 12, por lo que mediante un juego de perspectiva se consigue un efecto de profundidad y luz que brinda personalidad a todos los modelos: Supersonnerie repetición de minutos, Tourbillon esqueleto, Tourbillon volante, Calendario perpetuo, Cronógrafo Flyback y Automático.

Los 41 mm de su caja los colocan seductoramente más allá de los géneros.

El logotipo de Audemars Piguet es otro de los rasgos distintivos en estas creaciones, pues ha sido aplicado sobre las esferas lacadas y fabricado con delgadas capas de oro fijadas mediante un proceso químico similar a la impresión 3D, que se conoce como crecimiento galvánico. Cada letra está conectada a la siguiente por finísimos eslabones que tienen el grosor similar al de un cabello.

En su interior, los relojes palpitan con seis calibres, de los cuales tres constituyen una novedad: el cronógrafo integrado flyback con rueda de pilares (4401), un calibre automático con indicación de segundos y fecha (4302) y un calibre tourbillon volante también automático (2950). Y como no podía ser de otra manera, todos ellos han sido virtuosamente ornamentados con técnicas y acabados propios de la alta relojería, como côtes de Genève, traits tirés, perlado, satinado circular, ángulos pulidos al diamante o grabados. Si esto no es arte, tema sujeto a discusión, está muy, pero muy cerca de serlo.

ASPECTOS DE LA PRESENTACIÓN DE LA COLECCIÓN EN MÉXICO.


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